Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.
Proverbio árabe
Hay presentes inundados de pasados. Presentes sumergidos en futuros. Hay presentes sin presente y sin presentes. Hay futuros que se viven así desde otro lugar, desde un lugar que no podemos ya cambiar o bien, desde otro que es absolutamente incierto; pero sí, los hay que así viven con la mente en espacios de tiempo que nada pueden aportar, olvidándose que lo único posible y verdadero es su hoy, el minuto que queda por vivir… y aún a sabiendas de que éste es su único presente y que cada instante se va convirtiendo en pasado, no están presentes.
No sé bien qué es lo que buscan en esos espacios de tiempo, no sé si son explicaciones, razones, motivos, una ilusión, motivación… no lo sé. Lo que sí puedo asegurarle es que no hay nada en ninguno de esos dos planos que podamos cambiar ni elegir. Las elecciones se hacen sólo en el presente, igual que los cambios y las transformaciones. No sé qué necesitan para empezar a vivir presentes, en su presente. Quizá peco de certezas, quizá arriesgo demasiado cada día sin mirar atrás, quizá también mis proyecciones en el tiempo son limitadas.
Lo que sí puedo asegurar es que me enamora cada día más este presente estando presente, me gusta la claridad y la paz que ofrece, me gusta aprovechar esas pausas sencillas que me permiten observar mi alrededor, me gustan los discursos que ofrecen los silencios, me gusta sentir que siento, que razono conmigo misma cada emoción o pensamiento, me gusta también entender que hay temas que pueden quedar para mañana, para otro momento, o para nunca más, y me gusta poder elegir mis siguientes pasos sin dejarme secuestrar por pensamientos intrusivos y fastidiosos que intentan robarme mi presente… Y lo que más me gusta es dejarme atrapar por la sorpresa del día, todos los días tienen una sorpresa, algo enigmático, algo que sumar a los agradecimientos del día, por eso se llama presente, y me resulta fascinante encontrarlo, a veces repaso mi día por si algo me pasó desapercibido, y créame que se encuentra, muchas veces, envuelto en algo más que quizá creí no del todo positivo, hay bendiciones ocultas también en las incertidumbres y en el destiempo. Sí, me he vuelto una elitista del tiempo, una bibliotecaria de lecciones y aprendizajes, y una proyectista cortoplacista que sólo apuesta por las decisiones que toma en cada presente, cómo quien va abonando al camino de la vida un trazo más. Como quien va trabajando cada día por tener un saldo a favor conmigo misma y con quienes me rodean.
Y le diré más, yo no era así, era como cualquier otra persona que vivía en el tiempo de las mayorías, entre esos dos tiempos insensatos, hasta que la vida me enseñó que es corta y simple, que no somos eternos, que en los momentos difíciles sólo importa la mano que te acompaña y te conforta, y que, si la vida aprieta un poco más, sólo deseas sentir esa paz y esa claridad para elegir y esas elecciones son así… como la vida: simples, sencillas y, sin embargo, repletas de significado… Y sí, sí cuenta el abono al trazo del camino; y sí, también cuenta el tener un saldo a favor en el corazón. Vivir en el presente y aprovechar la vida son ideas estrechamente relacionadas. La primera nos invita a ser conscientes de lo que ocurre aquí y ahora; la segunda nos impulsa a actuar sobre esa consciencia. Cuando dejamos de vivir atrapados entre esas dos líneas de tiempo que sólo promueven el arrepentimiento del pasado y el miedo al futuro, podemos reconocer mejor a las personas, experiencias y oportunidades que tenemos frente a nosotros. Aprovechar la vida es vivir con intención, no consiste en vivir de prisa ni decir que sí a todo, sino en elegir aquello que aporta sentido, bienestar y crecimiento. Estar presentes nos permite prestar atención a la vida.
Y sí, la vida merece esa atención, esa presencia activa y ese elegir consciente que es finalmente lo que la hace nuestra esa vida que lleva nuestro nombre, nuestra historia y nuestra identidad. Como siempre, usted elige. ¡Felices presentes, felices vidas!
