Dudas silenciosas
Le invito a dejar de aspirar a que las personas cambien. Cada quien es lo que es y como es.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Todo se pierde por no hablarlo.
Refrán Multilingüe (S. XVIII)
Bien dicen que todo se pierde por no hablarlo y, al parecer, con los años muchas personas se van acostumbrando a callar y prefieren apoyarse en sus apreciaciones y percepciones, generando en su mente una distorsión de la realidad que finalmente se convierten en falsedades con las que suelen alimentar sus monólogos internos, para pretender dilucidar, sin mucho éxito, los comportamientos ajenos.
Temen no a la realidad en sí misma como se cree, sino a la incapacidad de aceptarla como el único espacio posible para ser, para existir y para realizarse uno mismo. Se les olvida con demasiada frecuencia e, incluso, se mienten con destreza, creando un mundo de supuestos, de autoengaños... de mentiras.
Las dudas silenciosas son esas que se sufren sin buscar la respuesta en el lugar correcto, son dudas que se tienen, pero que nunca se resuelven. Son esas dudas que arrastran a muchos a creer que no son aptos para nada, son esos porqués, esos cómos, esos qués... que se instalan en lo más profundo del ser... que duelen, que desmotivan y que, inclusive, llegan a incapacitar a muchos para seguir adelante.
Las dudas silenciosas son esas que suelen surgir en el trato con los demás. Son esas acciones y reacciones ajenas que sentimos intimidantes, violentas, injustas, pero absolutamente propias. Dudas capaces de minar la valentía necesaria para enfrentarlas.
Así, entre la incapacidad de resolver lo que sienten y de comprender las razones de las acciones y reacciones de los otros, insisten en vivir esperando un cambio, insisten en seguir persiguiendo un reconocimiento, buscando una disculpa y, peor aún... insisten en seguir mejorando su comportamiento y su docilidad, pretendiendo, con eso, que los otros se vuelvan conscientes del daño que causan. Créame, es absurdo que alguien se vuelva consciente de nada cuando, provocando daño, quien lo recibe insiste en mejorar su actitud. Todo lo contrario: cuanta más esclavitud... más tiranía.
Y viven así, en silencio. Cambiando, sí, pero en su contra, mintiéndose un poco más cada día, hiriéndose un poco más, incapacitándose un poco más... increíble, porque sólo tendrían que decidirse en favor del diálogo y no del silencio, quizá sólo tendrían que preguntar, quizá sólo tendrían que hablar con las personas correctas, sobre las razones reales y verídicas de su comportamiento.
Por eso hoy le invito a dejar de aspirar a que las personas cambien. Cada quien es lo que es y como es, y está en su libre derecho hacerlo. Por eso, mejor elija cambiar usted el tratamiento que les da y evite vivir suspendido en la duda, razonando supuestos, apreciaciones o simples creencias sobre lo que desconoce. Mejor elija, sencillamente, disipar la duda y podrá resolver lo que ha emanado de ella.
Le aseguro que nada es capaz de cambiar a su favor si uno mismo no hace algo al respecto. La vida de cada uno es tan simple o tan compleja como su propia manera de pensar, de razonar y de sentir.
Por eso, ante la duda, busque siempre una respuesta; ante el silencio... palabras; ante la ofensa... una aclaración; ante la apreciación... la realidad y ante la mentira... sólo la verdad. Nada vale el silencio cuando éste sólo provoca vacío e insatisfacción. El silencio sólo debería proporcionarnos paz mental nunca miedo, nunca incapacidad.
¡Felices respuestas, felices aclaraciones!