El sentido más necesario
No todos los seres humanos resolvemos nuestra vida de la misma manera.

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Pocas, muy pocas veces, consideramos la importancia que tiene el sentido común en las relaciones de todo tipo. Es cierto que conocer a una persona puede tomarnos toda la vida, sin embargo, hay parámetros que nos permiten acercarnos un poco más a sus patrones de pensamiento básico. El responsable de ese patrón es el sentido común.
El sentido común es esa capacidad innata de los seres humanos para resolver problemas; es la habilidad común que poseemos para pensar a partir de la intuición, la lógica natural, la sensibilidad para observar, absorber y aprender de las experiencias que uno vive, por eso el sentido común es una habilidad básica programada para evolucionar o involucionar dependiendo de la práctica.
Aun así —siendo una capacidad innata—, nos seguimos sorprendiendo de la dificultad que implica poder entenderse con alguien únicamente a partir de esas bases que consideramos comunes, porque la realidad es que no lo son, que las vidas y las experiencias no se viven igual para todos y, por lo tanto, las percepciones no son iguales y, en consecuencia lógica, las realidades tampoco… Cada cual toma de las experiencias su parte y opera en la vida a partir de aquello que aprendió y que cree que le ha dado resultado.
Y cuántas veces no hemos criticado al otro aludiendo que carece de sentido común, cuando en realidad no es que carezca, sino que éste le ha llevado a conclusiones diferentes a las que a usted le ha llevado el suyo. El sentido común es absolutamente personal.
Por eso es tan necesario que diferenciemos entre lo que es el sentido común —capacidad de pensamiento lógico racional innato— y lo que es, que todos piensen en un sentido, en común, de acuerdo a lo que usted y su lógica considera que es. Porque está claro que no todos los seres humanos resolvemos nuestra vida de la misma manera, cosa que en lugar de criticar deberíamos agradecer… terrible sería que todos pensáramos igual.
Pero gusta… fascina, encantar al otro con las lógicas propias, porque así es la vanidad que aplicamos al pensamiento y a la razón, siempre buscando el reconocimiento, imponernos frente a los otros, siempre buscando conquistar el silencio de los demás, sentirnos un poco más grandes, superiores…
Y en esa vana, pero insaciable necesidad de los seres humanos, se nos olvida, siempre se nos olvida, que el sentido común es absolutamente individual y que lo único de común que tiene es que todos tenemos ese sentido, como la vista, como el olfato, como el tacto, como el gusto… y no, no todos, a pesar de observar la misma imagen, vemos las mismas cosas ni tampoco interpretamos la misma realidad de lo que vemos… igual pasa con el sentido común, no todos sentimos las experiencias de la vida de la misma manera ni tampoco todos hemos tenido las mismas oportunidades para hacerlo.
Por eso hoy le invito a que de tregua a esa vanidad que le impide reconocer en el otro la validez de su pensamiento básico, la validez de ejecutar su lógica, y sobre todo la validez de su sentir, porque lo que cada persona siente debería tener mucha más validez e importancia que lo que piensa e incluso de lo que hace, porque al final no importa qué tan agudo sea su pensamiento crítico, analítico y racional, importa que aun ahí, en la aparente imparcialidad, siempre va a estar ese sentido común personal aportando un toque diferente y ese toque, esa diferencia, es su sentir…
Así que no se defienda ante la incomprensión de otros frente a sus ideas, asumiendo que carecen de sentido común, porque únicamente será usted el que parezca que no lo tiene, mejor aventúrese y procure conocer y comprender qué hay detrás de esa lógica de pensamiento natural que posee el otro, porque quien conoce el sentir ajeno comprende mucho más y mejor todo lo que podrá o no aportarle en su camino, acalle su vanidad y haga un intento por comprender ese sentido común con el que el otro opera en su vida, porque así podrá también conocer parte de sus alcances y proyecciones. Le puedo asegurar que, si se lo permite, se habrá permitido también conocer el fondo de sus formas, la intención detrás de sus acciones y, sobre todo, la escala de valor con la que evalúa, prioriza y resuelve su vida.
Recuerde que conociendo lo básico del comportamiento propio y ajeno, podremos también conocer los alcances, las expectativas y, por supuesto, el potencial de éxito o no que se pueda aportar a la relación no importando cuál sea… porque el que no se entiende en lo básico difícilmente logrará acuerdos en las complejidades que muchas veces presenta la vida.