La noche del domingo me conmovió ver al inmenso, histórico y fantástico deportista, como lo es el serbio Novak Djokovic, que lloraba inconsolable durante el quinto set de su partido de primera ronda ante el argentino Mariano Navone, que se perfilaba a un triunfo ante el deteriorado físico del mayor ganador de torneos Grand Slam de la historia del tenis, que, sencillamente, ya no podía competir, y que simplemente se limitaba a terminar, como lo que ha sido, un gladiador de las canchas.
Quizá el dolor físico de Nole le generó un llanto cual niño, pero, con toda seguridad, el asunto era aún más profundo. El hecho de continuar a sus treinta y nueve años entre los cinco mejores del ranking nos describe a la perfección el gigantesco cuidado que ha tenido con su cuerpo, de su alimentación, descanso y demás temas que, de la mano de los avances tecnológicos, hoy permiten a los atletas de alto rendimiento alargar sus carreras. Sin embargo, tarde o temprano el dios Cronos no perdona, y Djokovic finalmente pareciera sucumbir ante las lesiones y demás heridas en su cuerpo, producto de innumerables épicas batallas tenísticas.
Los veinticuatro títulos en torneos de Grand Slam obtenidos por Novak parecieran una cifra increíble e inalcanzable. Supera por dos a Rafa Nadal y por cuatro a Roger Federer, hazañas francamente asombrosas, las logradas por esos tres históricos del deporte, no sólo del tenis. Ha sido, sin dudarlo, un ápice, un verdadero privilegio como aficionado al tenis, el poder observarlos y seguirlos a lo largo de casi tres décadas, pues su legado es de las páginas doradas en la historia deportiva.
El denominado Big 3 ejerció un dominio en su tiempo, en el que solamente Andy Murray y Stan Wawrinka pudieron destacar como ganadores múltiples en los cuatro torneos grandes. Me atrevo a decir que la derrota de Nole en la primera ronda ante Navone culmina la era de los tres virtuosos, y para ratificarlo vale la pena recordar que el descalabro del serbio lo dejará fuera de los diez primeros de las listas de la ATP el próximo lunes catorce de septiembre, una vez que culmine el US Open, lo que será la primera ocasión en casi veinticuatro años en que no contaremos con ninguno de los tres ilustres apellidos entre los diez mejores del ranking, algo inaudito.
Pasarán los años, generaciones enteras, y el Big 3 seguirá siendo la era dorada del tenis, la gran e inolvidable era de Djokovic, Federer y Nadal.
