Sensé

Federico Reyes Heroles Ciudad de México, 1955 recién publica Sensé Alfaguara, 2018, y yo recién la leí, de un tirón porque parece hecha para eso y porque no pude ni quise parar de leer. Más de un incauto podría creer que se trata de un relato romántico. Para nada. ...

Federico Reyes Heroles (Ciudad de México, 1955) recién publica Sensé (Alfaguara, 2018), y yo recién la leí, de un tirón porque parece hecha para eso y porque no pude ni quise parar de leer. Más de un incauto podría creer que se trata de un relato romántico. Para nada. Si es cuestión de escoger algún género, yo tendría que catalogarla como novela de suspenso. Buena prosa, ágil, excelente ritmo, el texto se conduce por el apremio para contar una historia muy simple que consigue hacer un enorme sentido, por lo menos para la mitad de la audiencia potencial, para el género masculino, pretendo yo. Y es que Federico cumple con un mandato irrenunciable para todos los hombres que se dedican al arte: rendir culto a la diosa. Luciano (¡Y Federico!) no puede sino someterse a la más absoluta seducción, la de la mujer, Sensé o la que cualquiera haya debido padecer. El seducido sólo atestigua, conserva testimonios, fantasea sin que en ello encuentre saciedad, porque de eso y no de cualquier otra cosa van los romances. La diosa erotizada consigo misma, su “prisionero” (dice Federico) en turno no puede tener más empeño que acompañar y adorar a su objeto. ¿El pronóstico? (decimos los médicos), fatal a un plazo incierto, como resulta siempre todo lo absolutamente seductor de la feminidad. La belleza es asunto de mujeres, nada más. Uno se engancha y se empeña en cultivar el gozo efímero, en Sensé no hay porvenir. Absurdo, pensaba mientras leía, aquello de la “metrosexualidad” y su aburridísima pretensión de la belleza masculina.

Afrodita, la diosa del amor —sólo del amor erótico— significa “nacida de la espuma”. El nombre explica la cualidad esencial de lo femenino: etéreo. Afrodita nace cuando reinaban los Titanes, y Crono cortó el pene de su padre, Urano, arrojándolo al agua. Esencial entender que la diosa de lo erótico nazca del alboroto que produce el miembro masculino al caer al océano. ¿La condena que el mito lleva implícita? Lo masculino consistirá en saberse víctima de las infinitas aptitudes seductoras de la mujer, para hacerla bella, para erotizarla. Son esas aptitudes y nada más las que ejerce Sensé en el relato; le hacen falta seducidos, pero eso lo sabe el autor, que se los brinda, lo sabe cualquier hombre por inevitable experiencia propia. Sensé representa lo sensitivo, lo receptivo; la seducción depende de la recepción de esa respuesta que sólo una mujer es capaz de generar. La novela me trajo el relato memorable, perfecto, que hace Pascal Quignard, del remero Butes. El Argo navega a su destino y debe bordear la Isla de las Sirenas. Con su canto perfecto, las mujeres pájaro pretenden echar a perder los propósitos de los navegantes. Orfeo trepa a la punta del mástil y aporrea un tambor para tratar de acallarlas. Butes, el único, se pone de pie, camina a la proa y se arroja al mar. Afrodita, sirena, vuela y lo atrapa antes de que caiga, trepan mientras copulan y al goce excelso del remero sigue la muerte cuando la diosa lo deja caer al mar. El precio es ése y la tontería masculina no ceja nunca en su pretensión. “No hay otros paraísos que los paraísos perdidos”, dice Borges el grande. Así son los amores.

Sensé, claro, es asexuada, infantil. Como tal le basta con seducir, no hace falta que de ello nazca un amor. Los relatos como Sensé me conmueven siempre. Será quizá porque ellas estuvieron presentes en el nacimiento de mi oficio: las histéricas. “Anna O” para Breuer y el propio Freud, Sabina Spielrein para Jung, empeñadas en ser, por vía del culto consecutivo a la seducción, la más letal de sus cualidades. Con cada relato como Sensé me surge una absoluta solidaridad con mi género —la mitad de la humanidad—, siempre lo bastante estúpido como para gozarse en la belleza efímera, mandato inapelable, hechizo que condena a la masculinidad. Felicidades por eso a Federico Reyes Heroles.

Temas: