Los que alguna vez migramos

La excelente cobertura concedida a la caravana de migrantes centroamericanos rumbo a EU era indispensable. Impresionante, la fila de personas que no cuentan con más fortaleza que la que pueden ofrecerse unos a otros, que parece serles bastante. Conmovedor en su simpleza ...

La excelente cobertura concedida a la caravana de migrantes centroamericanos rumbo a EU era indispensable. Impresionante, la fila de personas que no cuentan con más fortaleza que la que pueden ofrecerse unos a otros, que parece serles bastante. Conmovedor en su simpleza el planteamiento: no tengo siquiera lo indispensable en el lugar en que vivo, voy en busca de otro. Habrá quienes objeten, pero creo que el manejo que se ha dado a la oleada en México ha sido más que decoroso, por parte de las autoridades y, claro, por parte de los mexicanos de cuya natural generosidad no debe dudarse. Imposible saber si lleguen, pero ya son de por sí un jaque a Trump, el perverso de caricatura. ¿Una matanza en perspectiva? Existe, es evidente, pero no encuentro ninguna otra causa en este momento de la humanidad en la que tuviera mayor justificación semejante riesgo.

Mi profesión me sesga hacia la genética. Nadie tan ciego como para creer que baste con buenos genes para bien vivir y, sin embargo, la medicina enseña a apostarles siempre. No hay sino un modo de cuidar los genes: el recambio constante por material genético que provenga de los lugares más distantes y ajenos que sea posible, garantizando así la diversidad en la mezcla. Absurdo Trump, no entiende que la grandeza de su nación tuvo sustento en las oleadas de migrantes que la fueron colonizando: material genético de todas partes del mundo para hacer a esa gente fuerte, que extrañamente hoy quiere renunciar a su ventaja histórica, satanizando a quienes pretenden vivir ahí. Redneck, calificativo despectivo con el que se llama a los estadunidenses a los que se les atoró el progreso en todos sentidos. Hoy, conservadores y racistas lucen el cuello enrojecido por un sol que no era el suyo, y del que despojaron a los que ocupaban esa tierra y fueron llamados “pieles rojas”.

Dos eventualidades enriquecieron mi experiencia: ser nieto e hijo de migrantes a los que unió la bendita casualidad, y haber migrado alguna vez para vivir ese saberse sin fronteras ni límites. Esa culebra humana, incontenible en su desplazamiento, no puede sino conmover, y no me refiero a su tragedia sino a lo afortunado de su decisión, a la entereza con la que avanzan y a la claridad de sus propósitos. Son personas fuertes, tanto como para elegir un porvenir incierto, quizá fatal, en vez de quedarse sentados el resto de su vida lamentando sus carencias, atorados en su malvivir. Los migrantes deben ser un desafío, de esos que buscan lo mejor de nosotros: empatía, solidaridad, reconocimiento a ese valor que quisiéramos muchos.

Maravilloso el personaje, opino yo (Excélsior, 22/10/18). Ammar Campa-Najjar, aspirante al Congreso de EU por California, es nieto de una migrante jalisciense, e hijo de una madre soltera. Su padre fue un palestino que llegó a California huyendo de Oriente Medio, lo engendró y desapareció. La foto muestra a Ammar micrófono en mano, haciendo campaña con ese orgullo que ofrecen sus ancestros migrantes. Me gusta imaginar la fortaleza genética palestino-jalisciense. ¿Su oponente? Duncan Hunter, republicano, racista, basa su campaña en acusar a Ammar de terrorista. A Hunter, el Gran Jurado Federal le ha formulado cargos por malversación de fondos de campaña. Las encuestas muestran a Hunter unos puntos arriba de Campa Najjar. Mientras tanto, la caravana avanza amparada en la humanitaria justicia de sus propósitos, con hombres y mujeres cargando los genes diversos que tanto bien harían a un pueblo cuya ideología se encuentra pervertida. ¡Déjenlos pasar!

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