Agravio cultural
¡Arrebatinga, dijo la gringa! Mayoriteros como somos, sin vergüenza histórica, vámonos sobre las comisiones de la Cámara de Diputados. En su derecho, tendremos que aceptar todos, aunque con cierta decepción en ausencia de cualquier esfuerzo por hacer más ...
¡Arrebatinga, dijo la gringa! Mayoriteros como somos, sin vergüenza histórica, vámonos sobre las comisiones de la Cámara de Diputados. En su derecho, tendremos que aceptar todos, aunque con cierta decepción en ausencia de cualquier esfuerzo por hacer más democrático, en tanto pluripartidista, al Poder Legislativo. Alguna trampa llevará implícita la imposición de los muchos, en tanto aquellos que no aceptan un estilo algo más democrático para legislar, en su momento habrán de asumir la responsabilidad por los resultados. Dos comisiones me parecieron dignas de particular preocupación: Salud y Cultura. Su manejo se había entregado al Partido Encuentro Social, fundado con inspiración en los preceptos de la religión cristiana evangelista. Semejante identidad ideológica compromete el tratamiento legislativo de temas esenciales para el México de los próximos años: la práctica del aborto y el ejercicio pleno de otros derechos de las mujeres, las garantías sociales para quienes forman parte de los grupos LGBT, tales como la expresión abierta de la sexualidad, los matrimonios y la adopción para integrar familias homoparentales. Ricardo de la Peña, diputado federal, pretendía encabezar la Comisión de Cultura, a pesar de que aceptó que desconocía la Ley General de Cultura, basando su postulación en “los valores de su partido”.
Y que aparece un segundo pretendiente, mayoritero también, para hacer valer su derecho a encabezar la labor legislativa para la cultura. Este otro aspirante fue candidato de los guindas, por ahora dueños del balón. Y bueno, el diputado que se quedó con la comisión tiene una historia que hace que su elección decepcione. Viene de un consorcio de medios, el que, en vista de sus recursos, atropelló la cultura en México. De sus tantos negocios, consigno dos: la música, para entonces manejada por vía de la industria discográfica y promovida por vía única de un interminable show dominical de televisión, y la producción de telenovelas. El dueño del consorcio hizo fama declarando que él producía diversión “para los jodidos”. La expresión dejó clara la calidad de su música y sus melodramas, antítesis del arte y la cultura, en perjuicio de millones de televidentes. Es así que el hoy diputado vestía atuendos de colores, bailaba lamentables coreografías y hacía play back en una banda para “entretener”. Sufridor, le eché una ojeada a los videos. No hallé arte. El legislador también protagonizó un buen número de telenovelas, famosas por carecer de cualquier cualidad dramática. Y para rematar, nuestro bailarín y actor de telenovela produjo un show de striptease, con el que recorrió el país encuerándose con una banda de modelos con bellísimos cuerpos.
Ése es mi México y su porvenir cultural. País sobrado de artistas y por esa vía entiendan la cultura y sus necesidades. Músicos, pintores, poetas, narradores, bailarines, agraviados por la elección del encargado de legislar sus preocupaciones profesionales. ¿Yo? Como Diógenes el Cínico, con mi lámpara encendida a mediodía. No busco a un justo, sino a un político que conserve vergüenza.
