Tres anuncios por un crimen
La película de Martin McDonagh me gusta para ser la triunfadora en Hollywood
Los casi seguros ganadores de los premios Oscar son, con frecuencia, los triunfadores en el certamen Globos de Oro, anunciados casi dos meses antes. Quienes siguen este espacio sabrán que no me envuelvo en la enseña patria para manifestarme defensor de las películas de los directores nacionales. Juro que no sufro de malinchismo ni critico a propósito, limitándome a comentar lo que no me ha gustado de las nominadas y casi siempre triunfadoras obras de González Iñarritu, Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro. Tres anuncios por un crimen (Three billboards outside Ebbing, Missouri, Martin McDonagh, 2017) mereció cinco Globos de Oro, entre ellos, mejor película, mejor guión y mejor actriz, y a mí me gusta para que sea la triunfadora en el certamen de Hollywood.
Martin McDonagh (Londres, 1970), director y autor del guión, se ganó mi respeto con Escondidos en Brujas (In Bruges, 2009), película asombrosamente coherente. Mildred Hayes (Frances Mcdormand), mujer divorciada residente en el ficticio Ebbing, Missouri, ha perdido a su hija Angela en un horrible crimen, no resuelto por la policía local. Mildred renta tres anuncios panorámicos sobre la carretera y escribe en ellos leyendas alusivas a la incompetencia policiaca, desencadenando una serie de sucesos de los que McDonagh se vale para ilustrar su propuesta sobre los usos, costumbres, atavismos, torpezas y mezquindades del pueblo norteamericano. Cultor del subgénero conocido como In her face, mezcla de lo violento y lo grotesco, el director sitúa su relato en Missouri, corazón mismo de Estado Unidos. Más bien middle east que middle west: imposible ignorar que se trata del territorio de los llamados rednecks, mote despectivo que denomina a los norteamericanos blancos que mantienen la pureza racial, que apenas trabajan y viven con limitaciones, ignorantes, sureños, sexistas, conservadores y racistas. Y McDonagh explora la manera en que conciben la violación y el feminicidio, convirtiendo el dolor de Mildred en rabia pura que enreda al poblado entero.
El trabajo de McDonagh recuerda a algunos el cine de Tarantino, inevitablemente violento, pero exhibidor de una estupidez patética. En efecto, uno se encuentra justamente con eso. Habrá sido McDormand, pero conforme la historia avanzaba me fui a la genial Fargo, de los hermanos Cohen, memorable relato del crimen vinculado a la tontería; de ahí, claro, a otras obras maestras de los hermanos con el mismo estilo, que, curiosamente, sigue presente, ahora con la serie Fargo, disponible en Netflix y hecha de lo mismo: violencia absurda, inevitable, extrema por momentos, siempre vinculada con la tontería que nos lleva a la risa ésa, especial, que despiertan las mejores comedias: las involuntarias. Un par de descripciones de Tres anuncios… la presentan como comedia. Dudo que la pretensión haya sido esa comicidad, que, de cualquier manera, consigue por vía de lo grotesco. Y, claro, se me ocurrió que Ebbing resulta emblemático del país de Trump: la más vergonzosa ignorancia con su consecuente arrogancia, en defensa de lo más gringo, lo “montañés”, lo sureño, convertido en la política de una nación que suponíamos de primer mundo, o tal vez lo modernista y liberal de California. Fiasco encabezado por el pecoso del peluquín, bravucón estúpido empeñado en pervertir lo poquísimo que le queda de estable a este mundo en crisis. Vean Tres anuncios…. No es por salarla, pero yo creo que va a ganar.
