Una imagen para la eternidad

Los políticos son ilusionistas que empuñan constituciones y los científicos trabajan con el corazón en las manos.

Por Fernando Islas

El primer agujero negro fotografiado se llama Powehi, bautizado justo ayer por Larry Kimura, un profesor de lengua hawaiana que, junto con algunos astrónomos, eligieron el nombre. Powehi significa “fuente oscura embellecida de creación infinita" o “la creación oscura adornada e insondable" y, según diversas agencias de noticias, el nombre en hawaiano se debe a que “dos de los telescopios más poderosos del mundo, el James Clerk Maxwell Telescope (JCMT) y el Submillimeter Array (SMA), ubicados en la cima del Maunakea en la isla de Hawai, jugaron un papel vital en la obtención de la primera imagen de la historia de un agujero negro", hecho ocurrido el miércoles pasado del que se diera cuenta en varias conferencias de prensa simultáneas alrededor del mundo y que confirma la existencia de estos “horizontes de sucesos" predichos por Albert Einstein en la teoría de la relatividad.

El círculo negro rodeado de un anillo al rojo vivo es una poderosa imagen que a Jessica Dempsey, subdirectora del Observatorio de Asia Oriental en Hawai, le recordó el Ojo de Sauron, de la famosa trilogía de Tolkien El señor de los anillos, llevada al cine exitosamente por Peter Jackson.

Los agujeros negros son cuerpos astronómicos en cuyo interior existe una concentración de masa tan densa que genera un campo gravitatorio del cual ninguna partícula puede escapar, ni siquiera la luz, por lo que esa fotografía pronto será considerada entre los momentos que definieron nuestra existencia, una imagen para la eternidad, el punto y seguido, no el punto final, a tantas preguntas surgidas el siglo pasado.

Precisamente, Stephen Hawking consideró que “el siglo XX vio cómo se transformaba la visión que los seres humanos tenemos del universo: nos dimos cuenta de la insignificancia de nuestro planeta en la inmensidad del universo, descubrimos que el tiempo y el espacio eran curvados e inseparables, que el universo se estaba expandiendo y que había tenido un comienzo en el tiempo. Aun así, también comprendimos que la nueva gran teoría de la estructura a gran escala del universo, la relatividad general, deja de ser válida en las proximidades del origen del tiempo” (Big Bang, agujeros negros y la evolución del universo, 2005).

Como ya es conocido, fotografiar el agujero negro fue posible gracias a una cooperación internacional de más de 200 científicos congregados en el Event Horizon Telescope (EHT), una red de telescopios que combina datos procedentes de estaciones ubicadas en México, con el Gran Telescopio Milimétrico Alfonso Serrano (GTM) (en el que participaron ocho investigadores nacionales, además de que el doctor Laurent Loinard, del Instituto de Radioastronomía y Astrofísica de la UNAM, fungiera como “vocero” durante la presentación global de los resultados); Chile, con el Atacama Large Millimeter Array (ALMA); en el Polo Sur con el South Pole Telescope (SPT); en Arizona con el Submillimeter Telescope (SMT); el Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM) de España y los dos telescopios hawaianos mencionados líneas antes.

Hay quienes dicen que estos científicos les han dado una lección a nuestros políticos, guiados por la codicia y el egoísmo, sin importar su país o inclinación. Puede ser. Vivimos días extraños entre gobiernos populistas y migrantes que desean condiciones de vida dignas que les han negado en sus lugares de origen. Algunos de nuestros representantes ven las guerras como una opción hacia una catarsis general, en tanto que el magnate que despacha en la Casa Blanca no quita el dedo del renglón con su muro y el presidente de Brasil quiere celebrar la dictadura que gobernó su país.

La diferencia quizá sea que los políticos son ilusionistas que empuñan constituciones y los científicos trabajan con el corazón en la mano, aunque Pascal advirtió que la razón es el instrumento de conocimiento adecuado “en cualquier investigación lógica, matemática, física, pero también estética o política, donde los elementos a valorar para llegar a determinada conclusión son susceptibles de examen y demostración”.

Un botón final: en 1952, a Einstein se le ofreció la presidencia de Israel, pero declinó la oferta porque “las ecuaciones son más importantes para mí, porque la política es para el presente mientras que las ecuaciones son para la eternidad”.

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