Un nuevo diseño de políticas públicas: soluciones integrales construidas desde la ciencia
Por Norma Elizabeth Olvera Fuentes* y Angel Campos García** El Colegio Nacional define a las políticas públicas como “el conjunto de acciones desarrolladas por un Estado, a veces con la coparticipación de la sociedad civil, para resolver los problemas o atender las ...
Por Norma Elizabeth Olvera Fuentes* y Angel Campos García**
El Colegio Nacional define a las políticas públicas como “el conjunto de acciones desarrolladas por un Estado, a veces con la coparticipación de la sociedad civil, para resolver los problemas o atender las necesidades de una sociedad, a través de la provisión de servicios públicos. Se suelen concebir a partir de las etapas de problematización, diagnóstico, formulación, ejecución y evaluación”.
Aunque las etapas mencionadas previamente parecen estar claramente delimitadas, cada una de ellas enfrenta desafíos de gran magnitud. Conceptualmente, la etapa de problematización nos parece relativamente sencilla por la libertad que tenemos de mostrar nuestro descontento con determinados eventos o sucesos, imaginando que su ausencia representa un escenario deseable, sin embargo, nos vemos expuestos a buscar soluciones que carecen de fundamento sólido o que resultan físicamente imposibles.
El cansancio, la somnolencia o hasta el hambre nos resultan poco deseables, pero entendemos el papel que representan en nuestras vidas. La sabiduría popular nos habla de que “es peor el remedio que la enfermedad” como recordatorio de que las intervenciones que realizamos suelen ser descuidadas, caprichosas y diríamos que hasta egocéntricas, ya que en esta intrincada red de interacciones en el mundo real, solemos omitir el impacto que tienen nuestros deseos con terceros, futuras generaciones y hasta con el medio ambiente.
Llevar a cabo la construcción de soluciones integrales que trasciendan la simple satisfacción de necesidades inmediatas requiere un análisis desde las nuevas perspectivas que ofrece la ciencia. En este momento, nos centraremos en la siguiente etapa: el diagnóstico. Su importancia es tal que Iván Pávlov, galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1904, lo resumió con la frase: “Un buen diagnóstico es la mitad de la cura”.
Para analizar la importancia crucial de un buen diagnóstico, consideremos la crisis hídrica de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) como caso de estudio. Sin lugar a duda, la escasez de agua es un severo problema, recordemos que la implementación del “megarrecorte” desde noviembre de 2023 hasta la fecha, es una medida que se estima afecta en mayor o menor medida a por lo menos 14 millones de habitantes.
¿La crisis hídrica de la ZMCM se reduce únicamente a un problema de escasez de agua? Si así fuera, una solución sería construir gran infraestructura para transportar agua desde lugares más distantes. Sin embargo, esta solución trae consigo consecuencias adversas, como el alto costo energético y un aumento considerable en las emisiones de gases de efecto invernadero, además de severos impactos ecológicos. Es muy probable que este tipo de soluciones puedan generar problemas aún más graves que los ya existentes.
Para un correcto diagnóstico, la pregunta fundamental es: ¿cuál es la dimensión real de la crisis hídrica que enfrenta la ZMCM? Para comprender su magnitud, consideremos tres problemáticas clave: decremento en los recursos hídricos (A1), aumento de la vulnerabilidad de las comunidades (S1) y deterioro en la infraestructura urbana y de servicios (P1). ¿Estas problemáticas se presentan de manera independiente o están interrelacionadas?
Por una parte, la continua y creciente sobreexplotación del acuífero de la ZMCM está agotando aceleradamente los recursos hídricos (A1), ya de por sí limitados, en la región. Esto, entre otras consecuencias, provoca procesos de subsidencia, es decir, hundimientos. Este fenómeno ha sido tan severo que, entre 1900 y 2010, numerosos edificios históricos, como la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, se han hundido nueve metros.
Debido a las características del suelo, estos hundimientos no son uniformes, lo que se conoce como hundimientos diferenciales. Estos esfuerzos no compensados en las estructuras hacen que muchas construcciones se inclinen, dañando severamente la infraestructura urbana y de servicios, como el drenaje y la red de abasto de agua (P1). A su vez, estos daños en la infraestructura aumentan la vulnerabilidad de la población ante la ocurrencia de eventos sísmicos, al incrementarse el número de edificios dañados. Además, el hundimiento del sistema de drenaje favorece la ocurrencia de inundaciones más severas, lo que también incrementa la vulnerabilidad de la población (S1). Finalmente, el daño en la red de abasto de agua hace que perdamos un importante porcentaje del agua que circula en la ZMCM, aumentando la cantidad del preciado líquido que tenemos que extraer, transportar y potabilizar para nuestro consumo.
Este ejemplo concreto muestra cómo las problemáticas se exacerban con el tiempo y, lo más importante, cómo todas ellas están interrelacionadas. Desde la ciencia, este tipo de estructuras se conoce como sistemas complejos. Por lo tanto, la crisis hídrica de la ZMCM es un problema multifactorial que va más allá de la escasez hídrica.
Las ya apremiantes problemáticas derivadas de la crisis hídrica que la ZMCM enfrenta se verán exacerbadas ante los impactos del cambio climático e incremento en la demanda, es por ello la urgencia de diseñar soluciones integrales desde la ciencia.
* Investigadora posdoctoral del Instituto de Ingeniería, UNAM; **abogado y consultor
