Segundo Informe: la forma es fondo
Por Rubén Rocha Moya Si uno se atiene al mensaje del Presidente, el Segundo Informe de Gobierno, en su forma que también es fondo, fue un ejemplo de sencillez, austeridad, sobriedad y, para coronar los nuevos tiempos, tuvo el don de la brevedad. Incluso lo fue, en todos ...
Por Rubén Rocha Moya
Si uno se atiene al mensaje del Presidente, el Segundo Informe de Gobierno, en su forma —que también es fondo—, fue un ejemplo de sencillez, austeridad, sobriedad y, para coronar los nuevos tiempos, tuvo el don de la brevedad. Incluso lo fue, en todos sus adjetivos, más que el primero.
Ni qué decir de aquellos informes de los presidentes surgidos del PRI o del PAN, que no pocos añoran y cuyas formas e imágenes nos recuerdan el desbordado boato de las cortes monárquicas. Una grosera imposición protocolaria al régimen republicano.
Y para los que no se acuerdan o no los vivieron, es importante recordar cómo el primero de septiembre (de hecho, Día del Presidente) las cámaras de televisión (encadenadas en una sola imagen) lo seguían y entrevistaban desde su salida de la casa presidencial hasta llegar a la Cámara de Diputados; su entrada entre aplausos para luego pronunciar un discurso más largo que un dolor. Y, una vez concluido, aparecía la escena del recorrido por algunas calles de la Ciudad de México envuelto en una infinidad de papelitos tricolores saludando a los mexicanos que llevaban horas esperándolo, entre ellas la eterna anciana que rompía la valla para darle al presidente un ramo de flores. Finalmente, se ofrecía una comida y/o cena con sus colaboradores. Ese día era el de la fotografía oficial. A tal grado que se llegó a decir “el que se mueve no sale en la foto”. Esto es, en la foto presidencial. En síntesis, era el “Día del Presidente”, pues; “el sol que hacía girar el sistema político-jurídico mexicano. El rey sexenal, el que daba protección y componendas” (palabras más, palabras menos, así lo describe Max González Reyes en: El Informe Presidencial: de la opulencia al ocaso del presidencialismo).
Fueron suficientes cuarenta y cinco minutos (Peña Nieto solía tomarse dos horas en sus intervenciones) y tan sólo setenta invitados (reglas de la pandemia) para que el jefe del Ejecutivo, Andrés López Obrador, diera cuenta de lo que a la mayoría de los mexicanos nos interesa. El estado que guardan temas como el combate a la corrupción, la situación económica y sanitaria del país, la relación con los poderes de la nación, así como con los diversos grupos sociales, políticos y económicos y, desde luego, las principales acciones y realizaciones en su segundo año de gobierno.
Inició su mensaje a la nación destacando la lucha contra el flagelo de la corrupción, muestra inequívoca de la importancia estratégica que para el Presidente —y millones de mexicanos que lo apoyamos— tiene el extirpar esta tumoración cancerosa nacional.
Por eso dijo: “Fui de los primeros en sostener que el principal problema de México era la corrupción y ahora no tengo la menor duda: la peste de la corrupción originó la crisis de México”. O bien:
“…Según cálculos oficiales, por no permitir la corrupción y por hacer un gobierno austero, hemos podido ahorrar durante nuestra administración alrededor de 560 mil millones de pesos”.
Por supuesto que los dichos del Presidente no fueron del agrado de sus furibundos adversarios. No es ninguna novedad. Dijera lo que dijera, sin más, iba a ser reprobado. Calderón, por ejemplo, cuyos informes tan sólo eran partes de su hipócrita y sangrienta guerra contra el narco, sale, sin autoridad moral alguna, a criticar el informe.
Al gobierno de Calderón —dígase lo que se diga— los mexicanos lo recordamos como un narco-gobierno, corrupto y fraudulento. En cambio, nadie a estas alturas podrá negar que la afirmación de López Obrador de que su gobierno no será recordado por corrupto está sustentada en el combate, sin precedente, a la corrupción y a la impunidad que, en tan sólo dos años, ha desplegado el Ejecutivo, apoyado por la inmensa mayoría de los mexicanos.
El Segundo Informe de Gobierno no se reduce al breve mensaje presidencial. A partir de hoy, el Congreso de la Unión, en uso de sus facultades, deberá hacer el análisis de su contenido y calificar con la rigurosidad debida las realizaciones y los rezagos. Ahí estaremos.
