Puede, pero no quiere

• Es necesario montar una vigilancia férrea para evitar que la organización continúe con las operaciones que quedaron en ciernes, si eso es lo que se busca.

Por Armando Ríos Ruiz*

La captura de José Antonio Yépez, El Marro, jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima, Guanajuato, apunta a dos razonamientos, de acuerdo con lo que el Presidente insiste sobre la delincuencia. Uno: no se entregó por un regaño de su madre ni por recibir abrazos. Dos: el gobierno puede, pero no quiere.

Aunque, definitivamente, se trata de un reconocido triunfo de la autoridad sobre el crimen (del único en 20 meses de iniciada la actual administración) es necesario montar una vigilancia férrea para evitar que la organización continúe con las operaciones que quedaron en ciernes, si eso es lo que se busca.

Por lo pronto, significa un respiro en la vida del estado del Bajío, pero aún falta ver quién o quiénes sustituyen al líder. Es un gesto natural que buena cantidad de miembros de un cártel aspiren a sustituir al jefe. Cuando Édgar Valdez Villarreal, La Barbie, se entregó en el Estado de México, surgieron seis grupos nuevos en Acapulco, en donde operaba.

Una de las agrupaciones más violentas, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) está más que apuntada, desde hace tiempo, para invadir los espacios aún ocupados por los restos del Cártel de Santa Rosa. Además, segura de contar con el potencial para hacerse del territorio.

En uno de los videos difundidos, un individuo vestido con uniforme militar, con un lanzacohetes en una mano, dijo que los días de El Marro estaban contados. En otro más reciente, el gremio que dirige Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, aseguró disponer de la capacidad suficiente para no llegar a acuerdos con el gobierno.

Hace un par de años entró en conflicto con Santa Rosa de Lima. Ambos juraron acabar uno con el otro, pero las intenciones quedaron truncas con la captura de El Marro. Esto se traduce en que el vecino de Jalisco está al acecho para entrar en acción desde Guanajuato, un territorio más en su haber.

Lo que ocurrió en esta entidad es una muestra clara de que el gobierno tiene la capacidad suficiente para capturar a los campeones del delito, si así se lo propone. Hasta hoy, la política de abrazos y acusaciones ha servido, ciertamente, para que los delincuentes mueran, pero de risa.

Desgraciadamente, la persecución parece hacerse de manera selectiva. Mientras capturan a Ovidio Guzmán y según trascendió, también a su hermano Iván Archivaldo, hijos de El Chapo, los dejan ir por órdenes del primer mandatario, según confesó.

Argumentó que dio esa orden para proteger a los viandantes y al vecindario, porque el operativo fue hecho en pleno día. Extraño, porque hoy, prácticamente, no hay quien no sepa que los operativos para capturar a los grandes capos se realizan en la noche o en la madrugada, precisamente, para evitar daños a inocentes.

En Guerrero, narcos renombrados han sido atrapados muchas veces, pero sólo para permanecer algunos días en la cárcel. Después son vueltos a ver inmersos en las mismas operaciones. La gente intuye que eso ocurre, porque adentro son improductivos y lo ideal es que generen recursos.

¿No es evidencia de que el gobierno puede, pero no quiere?

           *ariosruiz@gmail.com

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