ONU en Gaza: peor que el fracaso, la irrelevancia
Por Stephan Sberro PicardLa adopción, después de una semana de arduas negociaciones, de una resolución tan insignificante sobre la necesidad de facilitar la ayuda humanitaria es peor que un fracaso para la ONU, es una demostración de su irrelevancia en el conflicto ...
Por Stephan Sberro Picard
La adopción, después de una semana de arduas negociaciones, de una resolución tan insignificante sobre la necesidad de facilitar la ayuda humanitaria es peor que un fracaso para la ONU, es una demostración de su irrelevancia en el conflicto israelí-palestino.
Ya vimos con la invasión de Ucrania que la Organización era impotente, y que la solución se encontrará en otros foros. Pero se podía achacar a la sorpresa, a la falta de experiencia, conocimiento e interés sobre el caso de Ucrania y, sobre todo, a que el país invasor y perpetrador de los peores crímenes del siglo XXI e infractor de casi todas las reglas del derecho internacional, de la guerra y de los derechos humanos, Rusia, era miembro permanente del Consejo de Seguridad.
En Gaza la violencia es aún peor y no existen tales pretextos. El conflicto es antiguo, emblemático y fascina a la ONU, que le dedica más tiempo y resoluciones que a cualquier otro conflicto internacional. Un lugar desproporcionado que se explica en parte por el hecho de que, por primera y única vez en su historia, la ONU ideó dos Estados. Hubo decenas de resoluciones del Consejo de Seguridad y de mociones de la Asamblea General. Ninguna de ellas fue aplicada por ninguna de las partes, empezando por la primera y fundacional sobre la partición de Palestina en dos Estados: uno para los judíos y otro para los árabes. Fue aceptada por los judíos de Palestina, pero rechazada por los árabes, tanto en Palestina como en todos los otros Estados árabes ya independientes. Éstos invadieron inmediatamente Israel, sin reacción de la ONU, que había avalado su existencia. Fueron derrotados militarmente. Por ende, existe un Estado de Israel desde hace 75 años, mientras los árabes palestinos siguen soñando con el suyo. Después de esta primera infracción, ninguna de las resoluciones de la organización surtió efecto para resolver el conflicto vigente más largo.
Hoy, después del ataque más cruento contra judíos desde el Holocausto por parte del Hamás palestino y de la respuesta israelí, de una fuerza inaudita que causó miles de muertes civiles palestinas (¿sabremos un día la cifra exacta?), la ONU se revela, como siempre, incapaz de mermar la violencia y de ser una referencia moral y política para el anhelado periodo posguerra. Tras cuatro fracasos anteriores, un mes de debates y presiones fuertes de su secretario general, el Consejo de Seguridad no logró votar un texto que permita un avance en las negociaciones. La resolución no constituye ningún progreso en relación con el texto adoptado el 15 de noviembre, más de un mes después del inicio de la guerra, provocada por la invasión de Hamás al territorio israelí, masacrando a 1,200 personas y llevándose a centenares de rehenes de muchas nacionalidades, entre ellos mexicanos y argentinos.
La resolución exige lo que ya existe, con o sin la ONU, el paso de ayuda humanitaria y su aumento constante para amainar el sufrimiento de la población civil de Gaza. No ofrece en cambio ninguna perspectiva para acabar con la guerra. Al contrario, el mismo día los israelíes redoblaron sus operaciones, mientras hubo un repunte de los lanzamientos indiscriminados de misiles desde Gaza sobre las grandes ciudades de Israel. El tiempo transcurrido desde el fatídico 7 de octubre y los miles de muertos adicionales, combatientes de Hamás, pero también civiles, hace más patente la parálisis de la ONU. Nada se pudo, ni siquiera el golpe de póker fracasado del secretario general, António Guterres, utilizando un artículo inusitado para forzar un voto del Consejo a favor de un cese al fuego. Evidenció su sesgo, negándose a mencionar, mucho menos condenar en la resolución, el ataque de Hamás, la liberación de los rehenes o las violaciones y mutilaciones atroces y sistemáticas a mujeres judías, tanto el día de la masacre como sobre las rehenes en sus manos. Apareció, por ende, como protegiendo a Hamás a los ojos de los principales protagonistas de la guerra, Israel y Estados Unidos.
Con esto, Guterres compromete el papel de su organización en las negociaciones por venir. Hoy día, los principales mediadores no son ni la ONU ni la Cruz Roja ni la UE, que sólo servirán de instrumentos o sedes. Tampoco tienen voz y voto los palestinos, cuyos representantes e instituciones oficiales carecen de legitimidad en los ojos de su propio pueblo. Todo transcurre y transcurrirá tras bambalinas en Jerusalén, Doha, El Cairo y Riad, bajo la coordinación y dirección de Washington, como lo demostró la votación del 21 de diciembre, que pone en claro que la ONU y sus ambiciones de tener un papel central para fomentar la paz mundial también figuran entre las muchas víctimas de este conflicto.
