No hay tuit inocente
No, no hay errores pequeños cuando eres parte de un gobierno que estaría sujeto a un análisis con lupa y al juicio de una sociedad polarizada que exige respuestas a las problemáticas que nos aquejan
Por Carlos Carranza*
El escritor argentino Antonio Porchia (1885-1968) incluyó en su libro Voces una línea que podría definir lo que sucede con los políticos de nuestro país, “el mal no lo hacen todos, pero acusa a todos”.
Es una frase que debilita la mirada con la que hemos valorado a quienes han gobernado este país durante décadas y que no deja de presentarse como un espejo en el que, al mirarnos, se evidencian las fortalezas y miserias de una sociedad que ha solapado gobiernos, resistido los embates de políticas económicas neoliberales y, por supuesto, que ha dibujado una sonrisa al evidenciar la caricatura de quienes constituyen la tribuna política del país.
En este sentido, el Think Thank en el tuit del canciller Marcelo Ebrard no puede ser considerado un error simple y llano. No ocurriría nada cuando la hache “es muda” y los dedos de quien lo escribió en el aparato celular seguramente son tan amplios que abarcan toda la pantalla; sin embargo, queda claro que el silencio de esa letra cambia el significado de una palabra. El error se magnifica gracias a la pifia de Notimex al tratar de explicar un mensaje que, de origen, está mal escrito —inclusive en español—.
En esta época, caracterizada por la continua exposición del individuo debido al uso de las redes sociales, los movimientos de todo político están sujetos a un juicio sumario que, en el mejor de los casos, podrá olvidarse con rapidez y quedar asentado en los anales de lo absurdo. Pero hay algo que aún no tienen tan claro: las palabras son los instrumentos que nos permiten afrontar una realidad como la nuestra.
Y han sido sus palabras las que nos develan dos cosas: la pobreza intelectual de quienes conforman el gobierno y, en contraparte, su habilidad para proyectar la ideología en turno. Insisto: sin ser privativo de los miembros del actual gobierno y su magra oposición, el día de hoy son ellos quienes tendrían que aspirar a no ser como Monsieur Jordan, el delicioso protagonista de El burgués gentilhombre, de Molière.
No, no hay errores pequeños cuando eres parte de un gobierno que estaría sujeto a un análisis con lupa y al juicio de una sociedad polarizada que exige respuestas a las problemáticas que nos aquejan.
No, tampoco puede considerarse un error sin importancia cuando la incertidumbre es la que domina en los principales centros de estudio e investigación del país. Parece que existiera una urgencia por aplicar la fórmula “condena de la memoria” (damnatio memoriae), práctica romana que implicaba borrar toda alusión de quien fuera el condenado a perderse en la historia.
Así, pareciera que todo lo que implicó el desarrollo de la educación a nivel posgrado en la investigación ha sido un error que el nuevo gobierno corregirá para ponerlo al “beneficio de la población y al servicio del país”. Y esto nos coloca en el campo de las interpretaciones ideológicas.
Nadie podría suponer que el sistema de investigación, que ha impulsado en buena medida el conocimiento científico y humanístico del país, necesitaba de una revisión que la consolidara como un pilar del nuevo proyecto de nación. Quienes participan de los diversos programas de investigación saben que urgía un rediseño estructural que promoviera un uso efectivo de los recursos, lejos del amiguismo o compadrazgo que erosiona todo proyecto.
Y aunque desde la Secretaría de la Función Pública se haga énfasis con respecto a que la llamada “austeridad republicana” no afectará a la investigación, sus palabras vuelven a obnubilar la comunicación: todo proyecto académico de investigación que implique un posible viaje debe estar sujeto a la Ley de Ciencia y Tecnología y al Plan Nacional de Desarrollo, que no se haga “turismo político, que no vayan a pasear a costillas del erario […]” como sentencia el presidente López Obrador. Pero no se trata exclusivamente de los viajes: durante los últimos años, los estudiantes universitarios también han optado por cursar programas de posgrado gracias la exigencia de un mundo laboral al que difícilmente tendrán acceso: sin fuentes de trabajo que brinden la seguridad para su futuro y con salarios paupérrimos.
¿No será un mejor camino fortalecer la investigación en todos los ámbitos educativos? Eso no es un tuit: no borremos de la memoria al conocimiento, Monsieur Jordan. Pensemos.
