Medio ambiente en la maleta
Cada vez más, el turista responsable prefiere visitar espacios al aire libre con actividades que involucren el cuidado del medio ambiente y la convivencia con habitantes de comunidades rurales. Y, a su vez, la cadena de valor del sector turístico debe adaptarse al cambio climático; ¿cómo?, modificando y regulando las actividades turísticas en áreas naturales.
Por Mónica Silva Dávila
El cambio climático nos afecta a todos y sigue vigente, lo hemos vivido y sentido estos últimos meses con las tremendas olas de calor que, en muchas ocasiones, han provocado que se decida, en diversas familias, no salir de casa. Se acerca el periodo vacacional y, con él, nuevas olas de calor y el verano más caluroso de la historia, no solamente para el ser humano sino para la biodiversidad que nos rodea.
Cada vez más, el turista responsable prefiere visitar espacios al aire libre con actividades que involucren el cuidado del medio ambiente y la convivencia con habitantes de comunidades rurales. Y, a su vez, la cadena de valor del sector turístico debe adaptarse al cambio climático; ¿cómo?, modificando y regulando las actividades turísticas en áreas naturales. Por ejemplo, es fundamental preferir actividades de cualquier segmento del turismo de naturaleza, que el uso de razers o vehículos todo terreno, ya que destruyen la vegetación y causan una severa erosión y compactación del suelo, producida por la presión directa que ejercen las ruedas sobre la superficie, además de la perturbación o pérdida de biodiversidad residente, aunado a todo lo anterior, en ocasiones, provocan también daños al patrimonio cultural y arqueológico.
La adrenalina y la aventura también se pueden vivir en una caminata por un ecosistema único, emocionarse —hasta las lágrimas— en medio de paisajes increíbles e inolvidables o descubrir, a pocos metros, especies nunca antes vistas. Disfrutar, de manera respetuosa y al máximo, las actividades del turismo de naturaleza, viajando para realizar actividades recreativas en contacto directo con el entorno y las expresiones culturales que le envuelven, siempre con una actitud y compromiso de conocer, valorar, atesorar y participar en la conservación de los recursos naturales y culturales.
De este turismo de naturaleza tal vez hemos escuchado hablar de alguno de sus segmentos, como el ecoturismo, el turismo rural o el turismo de aventura y de sus 39 actividades, como el senderismo, la observación de flora y fauna, la observación sideral o el safari fotográfico, el agroturismo, los talleres artesanales y gastronómicos o el montañismo, las cabalgatas y el kayaquismo, por mencionar algunas.
Muchas de estas experiencias turísticas se pueden realizar en Áreas Naturales Protegidas (ANP), consideradas el principal instrumento para la conservación del capital natural, ya que permiten la preservación de la biodiversidad del sitio, garantizando los procesos biológicos y la provisión de servicios ambientales.
En México existen 203 ANP, solamente de carácter federal; en Coahuila contamos con ANP con decreto federal, estatal y municipal que cubren el 17.4% de la superficie del estado, lo que representa un poco más de 10% de las ANP a nivel nacional.
Ya vienen las vacaciones y muchas de estas ANP tienen acceso a servicios turísticos, en las que los viajeros pueden realizar actividades de bajo impacto ambiental; sin embargo, en muchas de ellas la capacidad de carga turística o la regulación de actividades están fuera de su planeación, teniendo un ingreso descontrolado de visitantes que ocasionan fuertes impactos ambientales.
Para la ONU Turismo, la capacidad de carga turística (CCT) es el número máximo de personas que pueden visitar un destino turístico al mismo tiempo sin causar destrucción de su entorno físico, económico y sociocultural, así como un inaceptable decremento en la calidad de la satisfacción de los visitantes.
La CCT es una estrategia de manejo sustentable que puede aplicarse en las ANP para conservar la riqueza natural; modificando o sustituyendo las actividades, dispersando o concentrando la visitación, reduciendo el tiempo, la estacionalidad o espacio de uso, pero también limitando el ingreso mediante la restricción del número de visitantes o la duración de la estancia. Algo práctico es que en muchos espacios naturales se desarrollen acciones de manejo que modifiquen el comportamiento del visitante, como las actividades de educación y cultura ambiental que no son más que una actividad del ecoturismo y éste, a su vez, del turismo de naturaleza.
Así que, para tener unas vacaciones perfectas, seamos viajeros y ciudadanos responsables y amigables con la naturaleza, adaptándonos a la situación actual, pensando siempre en el futuro, que ya llegó, y aprovechando respetuosamente nuestro turno en este planeta.
