Somos México

El magistrado electoral Felipe de la Mata —autor del proyecto que otorgaba a la coalición oficialista una mayoría calificada en la Cámara de Diputados no obtenida en las urnas y uno de los cuatro magistrados que con sus votos consumaron tal fraude a la Constitución— ha pretendido justificar en un artículo (Milenio, 7 de septiembre) la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), que confirmó la decisión del Instituto Nacional Electoral (INE) que ordenó al partido Somos México cambiar su nombre y emblema so pena de perder el registro.

De la Mata arguye que con la denominación Somos México el partido, en vez de individualizarse, se identifica con la nación misma: la exigencia de que cambie ese nombre “busca evitar confusión en el electorado a la hora de definir su apoyo a alguna fuerza política y así permitirle reflexionar sobre su voto”. El partido, reitera De la Mata, “presenta a una organización política como si fuera la nación misma, lo que dificulta reconocerlo como una opción dentro de la pluralidad.

“Se puede competir por gobernar México —De la Mata descubre el hilo negro—. Lo que no se vale es que parezca propiedad exclusiva de un grupo o partido. Al final, Somos México lo somos (sic) los más de 130 millones de habitantes que conformamos esta nación: nadie más, ni nadie menos”.

Ninguna otra consideración expone De la Mata en su artículo. Según su visión —y la de sus compañeros que votaron como él—, la expresión Somos México tendría un efecto hipnótico sobre los ciudadanos, a quienes el puro nombre induciría irresistiblemente a votar por el partido así llamado. El nombre confundiría al electorado, y esa confusión no le permitiría reflexionar sobre su voto. No sabrían los electores que la denominación Somos México es la de un partido entre otros varios, con un determinado proyecto distinto al de los demás partidos. La locución Somos México ejercería una influencia invencible para atraer votos porque los votantes creerían que al sufragar por el partido con ese nombre estarían votando por la patria misma.

¿De verdad cree el magistrado que esa denominación, por sí sola, podría confundir a algún ciudadano haciéndole creer que el partido representa a toda la nación? Lacayunamente los legisladores oficialistas aseveraron que el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador era la encarnación de la patria, la nación y el pueblo. ¿Cree De la Mata que el nombre elegido por el partido haría que una sola persona pensara que se trata de la representación de todo el país? Para defender la indefendible resolución del TEPJF De la Mata imagina una ciudadanía de oligofrénicos.

Tan extravagante razonamiento no se le ocurrió al INE cuando supo de los esfuerzos de Somos México para obtener su registro. Si el INE hubiese tenido facultades para prohibir esa expresión, su proceder habría sido extemporáneo y, por tanto, violatorio de derechos: habría dejado correr el tiempo y permitido que centenares de millares de ciudadanas y ciudadanos se familiarizaran con un nombre, un emblema y una gama de colores para luego ordenar que se cambiaran.

La legislación electoral fija requisitos concretos: la denominación y el emblema deben distinguir a un partido de los ya existentes, y no pueden contener alusiones religiosas o raciales. La ley no prohíbe palabras que expresen identidad, pertenencia o unidad. El INE inventó una restricción no prevista por la ley violando el principio de legalidad al que toda autoridad debe sujetarse. Contrariamente a lo que sostienen el INE y el TEPJF, Somos México no significa que el partido se presente como propietario del país ni que represente en exclusiva a toda la población. Es una expresión que comunica pertenencia colectiva y voluntad de participar en la vida pública.

Se aproxima la elección de 2027. El partido en el poder y sus partidos satélites cuentan con ventajas chapuceras sobre la oposición: adelanto ilegal de campañas, entregas de dinero en efectivo para acrecentar su clientela electoral, etcétera. Además, los árbitros electorales, el INE y el TEPJF, otrora instituciones confiables, han mostrado claramente su inclinación al oficialismo. Canchas vemos, árbitros ya sabemos. Aun así, Somos México, ahora sólo con el nombre Somos, se dispone a dar la batalla para recuperar la democracia.