El desastre educativo

El Programme for International Student Assessment (PISA), coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, realiza cada tres años una encuesta mutinacional entre jóvenes de 15 años para conocer su nivel educativo en tres áreas: lectura, matemáticas y ciencias, lo que conocemos como Prueba PISA, cuya finalidad es conocer la eficacia de los sistemas educativos de los 38 países que forman parte de la OCDE.

Lamentablemente, la prueba PISA de 2025 arrojó resultados que deben ser preocupantes, pues México se mantuvo en los últimos lugares en lectura y ciencias y en matemáticas empeoró, lo que ya es decir. Menos de uno por ciento (0.2%) son los que pueden considerarse sobresalientes, contra más de siete por ciento que lo son en el conjunto de los países de la OCDE.

Esa misma organización considera que el crecimiento poblacional es una causa (una entre muchas) del mísero nivel de la educación mexicana, y es que el aumento de estudiantes, sobre todo los provenientes de familias pobres, incide en la caída del nivel entre los alumnos encuestados, de los cuales la cuarta parte de mayores ingresos resultó con 68 puntos más que el 25% con más necesidades económicas.

Otro factor destacable es el deterioro de los inmuebles escolares, pues se estima que la mitad de ellos presenta un deterioro que incide en la calidad de la enseñanza. Sin considerar que muchos centros de enseñanza rural funcionan a la sombra de un árbol, pues ni inmuebles tienen.

Mario Delgado, secretario de Educación, declaró que para la OCDE “la mayor cobertura, la mayor inclusión, no ha tenido como consecuencia una disminución” de la calidad educativa. No conforme con lo anterior, el señor secretario de Educación Pública se fue hasta el fondo al afirmar que en materia educativa, los resultados del sexenio pasado y el presente “destacan más allá de los números”. Según él, en materia educativa estamos en Jauja.

Para quedar bien con sus anfitriones, la señora Lidia Arthur Brito, subdirectora general de la UNESCO, se aventó en Chiapas la puntada de creerse las cifras oficiales, como ésa de que 96% de los mexicanos sabe leer y escribir, lo que contradice los datos ofrecidos por la prueba PISA, pues si la mitad de los quinceañeros no entiende lo que lee, es imposible que 96% de la población se pueda decir alfabetizada. Para no quedarse atrás, el señor Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, anotó en su cuenta de X que “México muestra resiliencia en un contexto de retrocesos del aprendizaje”. Mal de muchos, debió decir. 

Otra mentirota del titular de la SEP fue asegurar que a los profesores “ya no se les estigmatiza ni se les persigue”. ¿No? Morena reclutó a lo más podrido del sindicalismo magisterial y hasta le regaló una senaduría al líder charro del SNTE, mientras que se le estuvo negando una entrevista con la Presidenta de la República a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación porque no se porta tan agachona como la charrería, contra la cual han luchado los sindicalistas democráticos durante muchas décadas.

Lo cierto es que la calidad de la educación pública se viene deteriorando desde los tiempos en que gobernaba el PRI. Recordemos que el movimiento magisterial de 1958-59, encabezado por Othón Salazar, fue reprimido sin contemplaciones por el gobierno de Adolfo López Mateos, el primer presidente guatemalteco de México, quien, para paliar la caída de los salarios, promovió los dobles y hasta triples turnos de trabajo para los profesores, con lo cual la educación fue cayendo como hoy podemos observar.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) dice que ocho de cada diez estudiantes mexicanos sienten curiosidad por aprender cosas nuevas. Puede ser, pero sus maestros carecen de tiempo y posibilidades de atenderlos. Hay, por supuesto, otros factores que han contribuido al descenso de la calidad educativa, como el uso de celulares y computadoras en los cuales se busca una respuesta inmediata y breve, nada más.

El sistema educativo está diseñado para atiborrar a los alumnos de datos, no para enseñarlos a manejarlos, lo que propicia la aparición de los Marx Arriaga y especímenes de su calaña. Algo debe cambiar.