¿Más vale que sobre? ese mandamiento no escrito de la mesa mexicana

 

Por Braulio Valenzuela*

México ya no juega más este verano futbolero. Pero los carritos siguen llenos y nos pintamos solos para cualquier pretexto que amerite una reunión social con amigos y familia. Eso dice más de nosotros que cualquier resultado.

La encuesta Ponerse la camiseta contra el desperdicio de alimentos, que elaboramos con participantes en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, se levantó cuando 65% de los mexicanos declaraba que planeaba comprar más de lo habitual cuando jugara el Tri. Ahora que nuestra selección tristemente no avanza a cuartos de final, quedan dos cosas sobre la mesa: los sobrantes en el refri y una pregunta incómoda: ¿comprábamos para un partido o para ser el anfitrión que nunca deja que falte nada, incluso si eso significa tirar la mitad un par de días después?

Hay una frase que todos los mexicanos hemos escuchado, dicho o pensado mientras llenamos el carrito antes de una reunión: “mejor que sobre”. No es descuido, es mandamiento.

La encuesta lo confirma con una precisión que duele un poco: sólo 1 de cada 10 mexicanos calcula realmente la cantidad de comida que necesita para sus reuniones. 34% admite que compra de más aprovechando promociones y combos. Y 26%, es decir, uno de cada cuatro, declara abiertamente que prefiere que sobre a que falte. Uno de cada cuatro no está improvisando. Está siguiendo un mandato silencioso muy arraigado en nuestra cultura. Entender por qué requiere ir más atrás que este evento y que las promociones de 2x1 en botana.

México es un país que tiene memoria de escasez. No metafórica, sino real. Generaciones enteras aprendieron que la abundancia en la mesa no era un exceso sino una señal: de que todo estaba bien, de que se podía, de que los invitados estaban a salvo bajo tu techo. La comida que sobra no se suele ver como desperdicio, sino como evidencia de que fuiste buen anfitrión. Es hospitalidad materializada en viandas abundantes. Pero el primer paso para cambiar un hábito, es hacer consciente aquello que opera en automático. Y el dato que más me interesa no es el 34% que aprovecha combos aunque eso implique comprar de más. Es ese 9% que dice calcular las porciones a consumir con precisión.

Ese porcentaje simplemente aprendió a ver la abundancia de otra forma: no como seguridad acumulada en el refri, sino como precisión en la mesa. Son, en cierta forma, los que cocinan como los cocineros, quienes saben que una buena reunión no se mide por cuánto sobra, sino por qué tan bien estuvo lo que hubo y con la intención con la que se comparte. Todavía hay juegos de cuartos de final, semifinales, una final. Todavía hay reuniones, carritos, refris llenos. Y hay algo que la eliminación regala que la euforia futbolera no permitía: lucidez. Sin el peso emocional de México en la  cancha, quizás sea más fácil ver lo que realmente está pasando en la mesa. Cuánto compramos. Cuánto comimos. Cuánto tiraremos el lunes o dos días después.

Porque eso también hay que decirlo con todas sus letras: el desperdicio alimentario en el hogar no es sólo un problema ambiental, es también un problema de bolsillo. Con la canasta básica superando los 900 pesos, comprar de más no es únicamente tema de hospitalidad y medio ambiente, es un lujo que se ha vuelto más caro de lo que parece. 

El mandamiento “más vale que sobre” no lo escribió nadie, pero rige cada reunión. No se trata de que seamos menos generosos y hospitalarios, sino de hacer consciencia de que un buen anfitrión es también el que calcula bien, quien mejor conoce a su gente y  aquel que se asegura de que lo que sobre, tenga un destino adecuado. Y esa decisión, a diferencia del resultado de un partido, depende de todos.

*Country Manager para Cheaf en México