Los vientos de Gorbachov

Por Alejandro Guerrero Monroy* La respuesta amigo mío está en el viento Bob Dylan Se ha dicho mucho y se han escrito ríos de tinta sobre su papel en la transformación económica y política de su país. No sólo eso, sus acciones de gobierno emanaron en un torbellino ...

Por Alejandro Guerrero Monroy*

La respuesta amigo mío está en el viento

Bob Dylan 

Se ha dicho mucho y se han escrito ríos de tinta sobre su papel en la transformación económica y política de su país. No sólo eso, sus acciones de gobierno emanaron en un torbellino geopolítico. Fue una metamorfosis de la historia. Para las nuevas generaciones quizá su nombre suene lejano o hasta desconocido, pero fue Mijaíl Gorbachov —que gobernó la extinta Unión Soviética de 1985 a 1991— el que se atrevió a dar los primeros pasos para avanzar hacia los inminentes cambios que la nueva realidad reclamaba. Fue así que descifró el temporal y abrió la puerta a las grandes reformas que traerían apertura democrática y económica a su pueblo. 

A fines de los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado —de cara a los retos de un nuevo siglo— soplaban vientos de incertidumbre, que obligaban a replantear lo que no funcionaba en nuestras sociedades y avanzar —no sin riesgos, pero con la convicción de un mejor futuro— por nuevas travesías. La esperanza de una paz duradera y el fin de la Guerra Fría se asomaban en el horizonte. El fin de la historia —como lucha de ideologías— diría Fukuyama, se aproximaba con celeridad. Así lo entendió un joven originario de la ciudad de Stávropol y con esa visión fue elegido secretario general del Partido Comunista de la URSS. Tiempo después sería un reformista del mundo. 

Fue así que un innovador se convertiría en el presidente de una economía soviética estancada. Desde la jefatura de Estado, Gorbachov instrumentaría un conjunto de medidas para reorganizar una estructura socialista en crisis creciente. 

“Cambiar para conservar la grandeza, renovar para subsistir” era la consigna. La tarea ante la difícil situación resultaba sumamente compleja. El cambio —a grandes rasgos— tenía como propósito convertir a la Unión Soviética en una prospera economía de mercado y se buscaba descentralizar empresas estatales, aumentar el intercambio comercial con occidente así como generar crecimiento con empleos bien remunerados. A la par, pretendía abrir brecha al anhelado pluralismo político y a la libre expresión de ideas. A las reestructuración económica la denomino Perestroika; a la apertura política Glásnot (palabra que significa transparencia en ruso). El inicio del trayecto no estuvo libre de bruscas turbulencias, pero el líder soviético contaba con los consensos necesarios y lo movía una poderosa energía social. Aún hoy, muchos recuerdan cómo 350 mil asistentes cantaban al unísono y con entusiasmo Vientos de cambio en el legendario concierto de Scorpions —primera banda musical en visitar Moscú en 1989—. 

Durante la transición, que incluía la supresión del Pacto de Varsovia —contraparte de la OTAN— y el desarme nuclear, se arribó a una propuesta que no interpretó a todas y a todos. Como ocurre usualmente ante el impulso de profundos cambios en organizaciones y sociedades, no tardó en emerger el descontento de quienes podrían verse afectados. Un sector político no comprendió la construcción de las reformas y acordaron la salida de Gorbachov del Gran Palacio del Kremlin para posteriormente apostar por la disolución de las quince repúblicas —con alrededor de 280 millones de habitantes— que integraban la URSS. Los aires invisibles ejercen fuerzas tremendas y causan destrucción generalizada. 

Meses y años después lo consideraron el responsable del colapso productivo y económico soviético. Quienes acusaban a Gorbachov de los subsiguientes trastornos sociales, de las consecutivas guerras civiles y del desplazamiento de millones, probablemente no comprendieron que ante la evidente colisión del agotado sistema planificado, dio un golpe de timón para evitar el naufragio. Por fortuna, el fuerte vendaval modernizador alcanzó a Alemania y a su reunificación, al igual que a los países de Europa del Este. 

 Lo que hizo Gorbachov “alcanzaría para varías vidas” escribió la autora Ekaterina Di Santo. Hace casi dos semanas dejó de existir un hombre visionario y alegre que participó en comerciales y hasta grabó un CD con canciones para su esposa Raisa. Ya pasaron tres décadas que dejó el poder, pero los vientos de renovación que empujó cambiaron la geopolítica actual y el curso de la historia. 

Economista, politólogo e internacionalista. Especialista en geopolítica y gobernanza global*

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