Las voces que cancelan (parte I)

El mecanismo es exigirle al otro que se comporte con las propias exigencias. No perdonar ni un error, no escuchar al otro, se trata de una demanda de pureza contraria a la libertad, busca reclamar. En su origen, la cultura de la cancelación se acuña para su uso en las redes sociales cuando se busca condenar un comentario inapropiado o denigrante, por decir lo menos. Como látigo, los usuarios se vuelcan con el castigo del juicio y el abandono (como seguidores) de quien cometió la infracción del “buen decir”

Por Ingela Camba Ludlow

El 7 de febrero de 1496, en Florencia se reunió una muchedumbre, dirigida por el fraile dominico Savonarola, alrededor de una hoguera para quemar lo que habían sido los objetos más preciados durante la época dorada de los Medici: ropajes, maquillaje, libros y obras de arte, entre otros tesoros. Se destruyó todo aquello que el fraile dictaminó como objeto propenso a quebrantar la fe y propiciar la vanidad. Ejemplares únicos de libros y de obras de arte (entre ellas algunos Botticelli). Decir que Savonarola tenía opiniones firmes es un eufemismo; era un extremista que, con una buena oratoria, movilizaba a otros. Bien podría ser un representante de la cultura de la cancelación en toda la extensión de la palabra.

  • La cultura de la cancelación parece ir en contra del mundo, en lugar de revisar cómo hemos construido ese mundo. Uno se pregunta frecuentemente cómo es que en un mundo que ha vivido horrores y genocidios se pueden repetir los mismos grados de dureza y crueldad en pos de un supuesto bien. Parece que la educación puede ser una herramienta para contrarrestar esta repetición, pero no logra apagar los fuegos del odio, sólo los redirige.

La cultura de la cancelación lleva a un retroceso del pensamiento, porque en realidad no es una cultura, es más bien un culto a una forma determinada de pensar. La vanidad de la moral superior es la que nos debería preocupar a todos.

El mecanismo es exigirle al otro que se comporte con las propias exigencias. No perdonar ni un error, no escuchar al otro, se trata de una demanda de pureza contraria a la libertad, busca reclamar. En su origen, la cultura de la cancelación se acuña para su uso en las redes sociales cuando se busca condenar un comentario inapropiado o denigrante, por decir lo menos. Como látigo, los usuarios se vuelcan con el castigo del juicio y el abandono (como seguidores) de quien cometió la infracción del “buen decir”. Con el paso del tiempo, se convirtió en un aparato de censura, que ha limitado la expresión, que permite poca disidencia y que sólo favorece la hipocresía. En ella, no se trata de poder dialogar las diferencias, sino de que no existan. No se trata de adecuar el lenguaje a uno que sea de respeto e incluyente, sino que el respeto es que no existan ni por asomo determinadas ideas. Es excluyente.

Este proceder exhibe ese momento de inmadurez emocional, en el que se rechaza al otro. Lo que vivimos evidencia que se puede ser inmaduro toda la vida. Los niños van conociendo al mundo en la medida de lo que son ellos mismos; con el paso del tiempo, van adquiriendo experiencias y se van ampliando los criterios para entender y enfrentarse al mundo. Pero a veces pueden quedarse siendo autorreferenciales toda la vida.

  • Dentro de la teoría psicoanalítica que construye Freud a principios del siglo pasado, existe una tópica que puede explicar bien este fenómeno de la mente. Es la existencia del Súper Yo, una instancia que es la heredera de las voces de la educación de la infancia, pero que más que ser formativa y buscar el bien común, está formada por aquellas voces que persiguen, regañan y exigen. Este Súper Yo proyectado al exterior, es destructivo y feroz. Al igual que estas voces, la cultura de la cancelación es devastadora para el individuo que la atraviesa; porque es un rugir que no pregunta, la condena es inmediata y no hay espacio para la réplica.
  • Por el momento, dejo una pregunta al aire: si los que practican la cultura de la cancelación supieran el daño que hacen, ¿se cancelarían ellos mismos?

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