La geopolítica detrás de la agresión a Irán

España es el único país que ha rechazado los ataques

Por Fadlala Akabani

En 1992 Benjamin Netanyahu afirmó por primera vez que Irán estaba desarrollando armas nucleares. Desde entonces ha repetido esa mentira por 34 años, protagonizando momentos ridículos como el de la Asamblea General de la ONU (2012) cuando presentó la caricatura de una bomba y supuestos porcentajes de avance, sentenciando 2013 como el año que Irán alcanzaría arsenal nuclear.

Aun tras el más reciente ataque de Washington y Tel Aviv, el discurso oficial seguía siendo el mismo: ataque preventivo para evitar avance del programa nuclear militar iraní. En conferencia de prensa (marzo 2), Marco Rubio dijo que Trump tomó tan “sabia decisión” a sabiendas de que Israel actuaría, y su objetivo era neutralizar la ineludible represalia. Horas más tarde, en entrevista para Fox News, Netanyahu aseguró que Israel atacó para proteger a Estados Unidos, y luego afirmó que Estados Unidos, bajo el mandato de Trump, es líder del mundo entero. Marzo 3, desde la Casa Blanca, Trump aseguró que fue él quien forzó a Israel a atacar, con base en el sentimiento de que Irán atacaría primero. Una tautología de falacias absurdas.

En la guerra de propaganda, Elon Musk (parte del aparato anglosionista y con información de primera mano) se jacta de predecir a través de Grok, la inteligencia artificial de su plataforma X, la fecha exacta del ataque. En el ámbito de los pesos pesados de la IA, el gobierno de Trump mantiene una confrontación con Antrophic, asegurando que es programada por gente de extrema izquierda, dadas las restricciones que la plataforma mantiene para su uso militar. Si bien dicha IA fue vetada por Washington el viernes 27 de febrero y catalogada como “amenaza a la seguridad nacional”, fue usada en la operación Epic Fury un día después. Empero, el ejército estadunidense ya ha firmado nuevos acuerdos con OpenAI (la creadora de ChatGPT) y xAI en busca de control sin restricciones éticas.

Tras la escalada de tensiones iniciada por Israel y EU, la Europa decadente acata los designios de Washington. Macron apareció cantando el himno nacional francés flanqueado por tropas militares y un submarino nuclear de fondo. Starmer anunció que las bases británicas están al servicio del ejército de EU y Merz (Alemania), desde la Casa Blanca, apoyó un eventual embargo económico contra España, único país de la OTAN y la UE que expresó rechazo a los ataques y que solicitó la evacuación de personal y aviones estadunidenses de sus bases. En este momento, Irán pelea solo contra EU, Israel, Alemania, Francia y Reino Unido, y las petromonarquías del golfo Pérsico. En los ataques del 28 de febrero murió su líder, Ali Jamenei, y altos oficiales iraníes del círculo rojo; sin embargo, el objetivo de colapsar a Irán no se ha cumplido y no parece una meta asequible en el mediano plazo.

Uniendo piezas del rompecabezas de beligerancia anglosionista, queda claro por qué el secuestro de Nicolás Maduro sucedió antes de esta escalada. Washington y Tel Aviv necesitaban asegurarse más petróleo ante el cierre del estrecho de Ormuz. En septiembre de 2025, Xi Jinping, presidente de China, reunió a más de una veintena de líderes en torno a un desfile militar con miras a un futuro multipolar. Varios de esos países están enfrentando conflictos bélicos, presión política y económica de Washington (Myanmar, Pakistán, Irán, Nepal, Congo y Cuba) pues el objetivo final yace en la disputa por el rediseño del sistema-mundo entre China y Estados Unidos. Atención a Corea del Norte, pues su arsenal nuclear, paradójicamente, la convierte en próximo objetivo del anglosionismo.

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