Donde la innovación financiera se cruza con el desarrollo sostenible
Por Jordan Schwartz* WASHINGTON, DC – Cada vez que los líderes financieros y políticos del mundo se reúnen, los retos más urgentes en materia de desarrollo casi siempre están en la agenda. Cada vez más, la solución que proponen, desde un alivio de la pobreza, las ...
Por Jordan Schwartz*
WASHINGTON, DC – Cada vez que los líderes financieros y políticos del mundo se reúnen, los retos más urgentes en materia de desarrollo casi siempre están en la agenda. Cada vez más, la solución que proponen, desde un alivio de la pobreza, las crisis de salud pública o el cambio climático, es más financiación.
No están equivocados. Para abordar cada uno de estos desafíos hace falta más de un billón de dólares. Por ejemplo, América Latina y el Caribe necesitan 2.2 billones de dólares para invertir en infraestructura sostenible, mientras que los mercados emergentes a escala mundial requieren 1.5 billones de dólares por año para este tipo de proyectos. Y gran parte de esta financiación provendrá de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD), que ya han comenzado a usar sus balances de manera más agresiva.
Los BMD están ofreciendo garantías, swaps de deuda, financiación de contingencia sin comisiones de compromiso y cláusulas de resiliencia climática a los países clientes a cambio de compromisos para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y proteger a la naturaleza.
Facilitar un mayor progreso requiere garantizar que estén integrados en las políticas económicas de los países en desarrollo y se vuelvan una norma estándar y, por ende, replicable.
Para muchas economías emergentes y en desarrollo, equilibrar el crecimiento económico con el alivio de la pobreza y los objetivos climáticos es el desafío central. Sus gobiernos deben desplegar toda la variedad de herramientas financieras a su disposición para combatir el calentamiento global y, al mismo tiempo, garantizar que estos esfuerzos resulten en alzas de la productividad y en crecimiento. De lo contrario, su deuda se volverá insostenible.
En los países en desarrollo, donde las empresas de servicios públicos tienen limitaciones financieras, la carga es imposible de afrontar. Las finanzas climáticas, por lo tanto, exigen políticas económicas que consideren la capacidad de los consumidores y los contribuyentes para pagar estas inversiones, ya que la frecuencia y gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos también exige un cambio en la manera de pensar la economía. Los ministros de Finanzas, por lo general, recurren a la financiación de emergencia para los esfuerzos de reconstrucción después de este tipo de fenómenos, basándose en la creencia de que las catástrofes son pocas y están distanciadas entre sí. Sin embargo, los huracanes más intensos hoy son tres veces más frecuentes que hace un siglo, las sequías duran más tiempo y los fenómenos más previsibles.
En consecuencia, los gobiernos deben utilizar desde préstamos para financiar los sistemas de gestión de inundaciones, hasta garantías que respalden la adaptación al cambio climático para generar resiliencia antes de que ocurran los fenómenos climáticos extremos. Cada dólar gastado en planificación anticipada puede ahorrar hasta 13 dólares en costos de reconstrucción.
Otra innovación es la estandarización de los mecanismos disponibles. Esto incluye claridad sobre el uso que se les piensa dar, porque los mercados deben entender los beneficios derivados de los instrumentos que incentivan las prácticas sostenibles con el fin de ponerles el precio adecuado. Con ese objetivo, la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos de EU recientemente emitió lineamientos para la cotización de derivados de compensación de carbono, y la Junta Internacional de Normas de Sostenibilidad se está centrando en el desarrollo de regulaciones sobre bonos verdes. Si queremos que los mercados de carbono voluntarios crezcan, y que el precio de las finanzas verdes refleje el valor real de la lucha contra el cambio climático y el suministro de bienes públicos globales, el uso de estos instrumentos debe ser verificable y fácilmente entendible.
El costo de no invertir en mitigación y resiliencia climática, así como en otros objetivos de desarrollo, aumenta cada año, haciendo que las garantías y los productos de seguro sean cada vez más costosos en los países más vulnerables y menos preparados. Los BMD deberían ofrecer más financiación verde, pero normalizar los instrumentos innovadores y fomentar su uso en las políticas económicas es igual de importante.
Vicepresidente ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo*
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