Por Fadlala Akabani
*Donald Trump ha afirmado que el único límite a su poder es él mismo.
Fue propuesta del consultor geopolítico y exmilitar de origen ruso Andrei Martiyanov en X, la imagen viral de un planisferio dividido en tres grandes regiones. De este a oeste, aparece la totalidad del continente americano incluidas Groenlandia e Islandia bajo la etiqueta Trump; el norte de África, Europa con el Reino Unido y Rusia bajo la leyenda Putin; y el África subsahariana, Oriente Medio y Asia Pacífico, incluida Australia, bajo el nombre de Xi.
Escalofriante coincidencia con la división del mundo planteada por George Orwell en la novela distópica 1984, tres grandes bloques: Oceanía, Eurasia y Asia del Este viven en un estado de guerra perpetuo; regímenes totalitarios que combaten la disidencia política aplastando el espíritu humano de sus habitantes. Lamentablemente, ésta no es la única coincidencia entre la ficción en 1984 y el actual devenir de los tiempos.
Donald Trump abrió 2026 con una nueva etapa en su presidencia basada en el militarismo y una retórica ambigua y falaz, “paz a través de la fuerza”, refraseo del orwelliano principio del régimen de Oceanía: “La guerra es la paz”. En la citada obra también se muestra que el uso de la tecnología es destinado a la guerra y al control social. En la realidad que asemeja a la ficción, el 12 de enero, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, anunció la incorporación de la IA de X y Google como parte de las herramientas informáticas del Pentágono.
Esta nueva etapa en la que el derecho internacional, sus órganos y mecanismos emanados del orden postSegunda Guerra Mundial son desplazados por el uso de la fuerza, la coerción y la amenaza como sustituto de la política. De ello da cuenta la perorata megalomaníaca que recitó Trump en entrevista para el New York Times, afirmando que el único límite a su poder es él mismo. Por si acaso, Steve Bannon, ideólogo del trumpismo, reconoció en entrevista con The Economist que ya buscan los mecanismos constitucionales para que Trump sea nuevamente presidente en 2028.
La incorporación de Groenlandia plantea una Europa posOTAN, así como un momento definitorio para la alianza entre Estados Unidos y Reino Unido, que el 6 de enero, junto a otros países europeos se pronunció en favor de la soberanía de Groenlandia. Un día después, el 7 de enero, la Royal Air Force participó en la captura del buque petrolero Bella 1, de bandera rusa, en el Atlántico Norte; tras la operación conjunta el comunicado oficial del Ministerio de Defensa británico destacaba su alianza de seguridad con Estados Unidos como la más profunda en el mundo.
La ambición de Washington por anexionar Groenlandia data desde 1860 y fue propuesta por Andrew Johnson, el mismo presidente que compró Alaska a Rusia en 1867. El deshielo del casquete polar ártico abre rutas marítimas comerciales, así como la carrera belicista por controlar este espacio geoestratégico; actualmente 50% del litoral ártico es territorio ruso. Groenlandia, la isla más grande del planeta, es también un territorio rico en hidrocarburos, minerales, tierras raras y diamantes, y para Trump es posible llegar a un acuerdo de compra similar a la transacción de un “Real State”.
Sobre el planisferio presentado por Martyanov, guardo alguna discrepancia, pues me parece un tanto optimista. Si bien Washington pareciera estar conforme con la hegemonía y “propiedad” del Hemisferio Occidental; este modelo no considera el expansionismo sionista del genocida Estado de Israel en Oriente Medio, una amenaza que trasciende la región y al mundo árabe y comienza a ser un riesgo para la humanidad entera, un peligro aún más grande que el encarnado por el propio Trump, a quien parecen controlar por completo.
