Cuando el dolor ajeno se convierte en un arma política

Donald Trump y su movimiento político autoritario suponen una amenaza existencial para la democracia en Estados Unidos. Un expresidente vengativo y emocionalmente inestable, un delincuente convicto, un insurreccionalista, un admirador de dictadores extranjeros, un racista y un misógino quiere regresar al cargo como autócrata.

Por Rubén D. Arvizu*

En los tiempos en que enfrentamos enormes catástrofes naturales que requieren la asistencia y atención de todos, el candidato republicano Donald Trump no pierde la ocasión para mentir y engañar, provocando confusión y pánico entre los que sufren los embates de huracanes e inundaciones.

 Sin el menor ápice de moralidad o apego a la verdad, ha lanzado vitriólicas acusaciones en sus caóticos rallies, asegurando, entre su arsenal de falsedades, que Biden y Harris “están recibiendo pésimas calificaciones” por la forma en que están afrontando el huracán, en Georgia y  Carolina del Norte, y que FEMA  (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) está desviando millones de dólares que deberían ser gastados en la ayuda a las víctimas del huracán para dárselos a migrantes ilegales para que voten por Kamala Harris.

Esta grotesca afrenta a la verdad, desgraciadamente es escuchada y creída por personas que se encuentran en situaciones desesperadas ante la destrucción de sus hogares y negocios, y muchos se niegan a recibir la visita del personal de FEMA por la otra diabólica acusación de que, si aceptan ayuda, el gobierno se quedará con sus propiedades.

La historia de María muestra eso, una madre soltera que perdió su hogar en el huracán, es un ejemplo de cómo las declaraciones de Trump han afectado a los ciudadanos comunes. Después de escuchar las acusaciones de Trump sobre la supuesta “ineficiencia” de la ayuda federal, María se negó a aceptar la ayuda de FEMA, temiendo que el gobierno se quedara con su propiedad. Ahora, ella y sus hijos viven en un albergue temporal, sin saber cuándo podrán reconstruir su vida.

Se han dado casos en que estos honestos servidores públicos de FEMA han sido objeto de amenazas de muerte. No hay fuego más peligroso que la lengua del mentiroso.

Los intentos de Trump de anular su derrota electoral y sus falsas teorías conspirativas sobre el fraude electoral se han convertido en un artículo de fe para muchos republicanos y partidarios de MAGA (Haz Estados Unidos grande otra vez).

Donald Trump y su movimiento político autoritario suponen una amenaza existencial para la democracia en Estados Unidos. Un expresidente vengativo y emocionalmente inestable, un delincuente convicto, un insurreccionalista, un admirador de dictadores extranjeros, un racista y un misógino quiere regresar al cargo como autócrata.

Trump no ha dejado dudas sobre sus intenciones; prácticamente las grita cada vez que tiene oportunidad. Sus motivos más profundos son calmar su ego, castigar a sus enemigos y situarse por encima de la ley.

Si llega a recuperar la Casa Blanca, tendrá la experiencia y los medios para completar el proyecto autoritario que comenzó en su primer mandato.

Trump actúa por impulso y padece incontinencia verbal. Se queja incesantemente y considera que los soldados caídos en las batallas que Estados Unidos ha librado son “perdedores” y “tontos”.

Se refiere a otros ciudadanos estadunidenses como “alimañas” y a los inmigrantes que cataloga de ilegales como “escoria humana”, y a los periodistas como “enemigos del pueblo”. Ha llegado a describir la libertad de prensa como “francamente repugnante”. Ataca rutinariamente al sistema judicial estadunidense, especialmente cuando intenta hacerlo responsable de sus acciones. Ha dicho que gobernaría como un dictador, pero sólo por un día.

Trump es el hombre que George Washington y los padres fundadores de Estados Unidos temían que surgiera.

El destino de al menos dos de los casos penales en los que Trump está acusado podría depender del resultado de las elecciones. Si recupera la presidencia, podría tratar de indultarse a sí mismo o de que su nuevo Departamento de Justicia desestime los dos casos que lleva el abogado especial Jack Smith. Uno de ellos implica los intentos de Trump de anular su derrota en las elecciones de 2020 ante el demócrata Joe Biden. El otro está relacionado con documentos secretos clasificados que trasladó a su casa de Mar-A-Lago una vez finalizada su presidencia, en 2021.

Si se le da la oportunidad, el daño que cause a la república puede ser irreparable, con todas sus gravísimas consecuencias.

*Analista y escritor

arvintel@bellsouth.net

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