China y México: la otra cara de la moneda
En abril de este año, en la Red Liberal de América Latina, editamos un libro en el cual se exponen seis investigaciones que, desde diversos ángulos, disciplinas y latitudes, explican el rol, presente y futuro, de China en la región de Latinoamérica. Desde México conviene ponderar los posibles riesgos de estrechar lazos
Por Andrea Contreras
China se ha vuelto un actor cada vez más influyente en América Latina: actualmente es el primer socio comercial de Sudamérica y el segundo en países como México. Ante este panorama, conviene evaluar las implicaciones de un acercamiento más profundo.
Hablar sobre la influencia china en nuestro país resulta, cuando menos, abstracto. Los lentes para observar el fenómeno son múltiples y también lo son las perspectivas sobre los beneficios o daños que puede traer.
Por ello, en abril de este año, en la Red Liberal de América Latina, editamos un libro en el cual se exponen seis investigaciones que, desde diversos ángulos, disciplinas y latitudes, explican el rol, presente y futuro, de China en la región de Latinoamérica. Desde México, un país en el cual los debates sobre los beneficios de una mayor relación con dicho país son cada vez más comunes, conviene ponderar los posibles riesgos de estrechar lazos.
El primero, y quizá el más conocido de ellos, es el fenómeno de la “trampa de la deuda”, un mecanismo mediante el cual se presta dinero a países en vías de desarrollo que en muchas ocasiones no pueden pagar de vuelta, lo cual otorga a China la posibilidad de obtener concesiones económicas o políticas a cambio. El caso más emblemático de este fenómeno es Sri Lanka, un país asiático que, después de no poder pagar a Pekín un préstamo para la construcción de un puerto, se vio obligado a ceder su gestión a una empresa china por 99 años. Si el impacto resulta difícil de concebir, imaginemos lo que pasaría si un gran proyecto como el Tren Maya se entregara a una potencia extranjera.
El de Sri Lanka no es el único caso. Pensemos en la vez que, como parte de acuerdos bilaterales, Costa Rica rompió relaciones con Taiwán, a la par que China donó el que ahora se considera el estadio nacional del país.
La influencia de China, no obstante, no se restringe a lo económico. Aspectos como la inversión extranjera directa, el balance comercial o la cantidad de empleos creados por empresas chinas representan tan sólo una de las múltiples caras que explican cómo puede transformar la región.
Demostración de ello es la forma en la cual China ha optado por apoyar y cooperar con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y relegado a la Organización de Estados Americanos (OEA) a un segundo plano. Aunque parezca menor, la decisión refleja el tipo de política que la potencia favorece dentro de la región: mientras la OEA tiene una agenda clara e institucionalizada de defensa de los derechos humanos, promoción de la democracia y combate a la corrupción, la Celac se muestra como un organismo sin institucionalización, en el cual no se critican los autoritarismos.
La diferencia se observa de forma especialmente pronunciada en la forma en la cual ambas instituciones actúan frente a las dictaduras y, en general, las medidas de abuso de poder en la región. En tanto la OEA se pronuncia y actúa constantemente sobre la situación de violaciones de derechos humanos y políticos en Nicaragua y Venezuela, la Celac se ha mantenido al margen e incluye todavía a ambos países como miembros.
En este contexto, Xi Jinping ha dicho que apoya la Celac y su “exploración independiente” de un camino de desarrollo que cumpla con sus propias condiciones. A la par, el gobierno chino ha realizado grandes inversiones para impulsar un foro China-Celac en favor de lo que ellos denominan el “bienestar de los pueblos”. Cabe mencionar que, mientras el actual Presidente ha pedido la desaparición de la OEA, México continúa representado en los foros de la Celac.
Por último, vale la pena mencionar la inspiración que representa China en materia de vigilancia digital. En Venezuela, China ha exportado tecnologías como cámaras de vigilancia, sistemas de monitoreo y plataformas de gestión de datos ciudadanos que permiten espiar y censurar a la población bajo el pretexto de un “gobierno digital”.
China ha actuado de dos formas: por un lado, ha permitido al gobierno conocer información personal de los ciudadanos y, con ella, generar campañas que cambien la perspectiva de ciertos temas y, por otro, ha empleado esta información para rastrear y censurar opositores y crear campañas en su contra.
En México decimos que cuando vemos las barbas del vecino cortar, hay que poner las nuestras a remojar. Si bien es cierto que nadie tiene la última palabra sobre los beneficios o consecuencias que puede traer el acercamiento con China, como ciudadanos tenemos que considerar las experiencias de otras regiones para construir un vínculo que nos sea beneficioso y no atente contra nuestras libertades políticas o económicas.
