¿Aún puede la ONU contribuir a la paz en Gaza?
Por Stephan Joseph Sberro Picard La ONU es una víctima colateral más de la tragedia en Gaza. Apenas dos semanas después de la controversia del juicio troncado de la Corte Internacional de Justicia, es otro órgano de la ONU que entra en turbulencias. Se trata de la ...
Por Stephan Joseph Sberro Picard
La ONU es una víctima colateral más de la tragedia en Gaza. Apenas dos semanas después de la controversia del juicio troncado de la Corte Internacional de Justicia, es otro órgano de la ONU que entra en turbulencias. Se trata de la Agencia para los refugiados palestinos, la UNRWA, bajo su acrónimo en inglés. Se trata de una crisis existencial que la deslegitima, y esto en plena guerra entre Hamás e Israel. Las autoridades israelíes identificaron más de diez empleados participando de las atroces masacres de Hamás en territorio israelí. Pretenden también acumular pruebas de la colusión sistémica entre Hamás y la UNRWA. Las pruebas aportadas hasta ahora parecen tan contundentes que la casi totalidad de los países occidentales, Australia, Canadá, Estados Unidos, casi toda Europa (Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido, los Países Bajos, Suiza, Suecia, etcétera) y Japón decidieron cesar inmediatamente sus pagos. Constituyen más de la mitad del presupuesto. Si la UNRWA interrumpe sus actividades, la ayuda a Gaza tendría que pasar por otras instancias, lo que complicaría mucho su canalización hacia los palestinos asediados y bombardeados.
La ONU y la UNRWA esperan que la situación sea temporal. Despidieron a sus empleados y lanzaron una investigación interna sobre los hechos. Con esta celeridad inhabitual esperan acreditar la idea de que se trata de un accidente marginal y totalmente inesperado por parte de algunas “manzanas rotas” no relevantes en un universo de más de doce mil trabajadores de la agencia. O sea, aún rechazan enfrentar el problema de fondo.
Se está identificando ahora a miles de empleados de la agencia que tienen lazos con Hamás y mil dos cientos son miembros de la organización que los donantes occidentales califican de “terrorista”. Las autoridades israelíes exhiben una cuenta de Telegram interna de la UNRWA con 3000 mensajes de congratulación después de los pogromes del 7 de octubre. En realidad, el problema es estructural. Tiene sus raíces en los propósitos de su creación, que eran no resolver el problema de los refugiados palestinos de 1948 sino perpetuarlo. Ya van tres o cuatro generaciones de palestinos que mantienen la ilusión de regresar a sus casas, como si 75 años no hubieran pasado e Israel no existiera. Los palestinos son los únicos refugiados del mundo que heredan su condición a sus descendientes y, con ella, la garantía de obtener una ayuda de la ONU a través de la UNRWA para su alimentación, salud y educación.
Con esta premisa, no es sorprendente que la UNRWA ya no sea una agencia humanitaria para los refugiados, como es el caso para todos los refugiados del mundo, sino un instrumento político, hoy controlado por Hamás en su lucha para borrar a Israel del mapa. Sus manuales escolares instilan el odio y el rechazo de la paz con Israel. Sus escuelas son parte de la infraestructura subterránea de los combatientes palestinos.
Y como si no fuera suficiente, se agregan una pauta de nepotismo y corrupción que se originan en la corrupción generalizada de la autoridad palestina y Hamás, como en la de algunos funcionaros de la ONU/UNRWA que abandonaron el cargo en medio de acusaciones y controversias hace algunos años, como es el caso del comisionado anterior de la agencia, Pierre Krähenbühl (quien ahora esta postulado para dirigir la Cruz Roja internacional).
No solamente Israel, pero también organizaciones intergubernamentales, gobiernos y académicos alertan desde hace más de una década los más altos mandos de la ONU, quienes hoy fingen la sorpresa y la indignación.
Después de la guerra en Ucrania, después de las votaciones de la Asamblea General y de su Consejo de Seguridad, después del fallo de la Corte Criminal Internacional, nos podíamos preguntar si la ONU no era totalmente impotente. Pero con los escándalos de la UNRWA, la pregunta es aún más cruel. Para Israel y las grandes democracias de Occidente, la UNRWA no contribuye a mejorar la situación de los palestinos, sino que se ha vuelto parte del problema. Como son de lejos sus principales contribuidores, esto significaría el fin de la agencia en su forma actual. Es posible imaginar a corto plazo otros medios de ofrecer ayuda humanitaria, aunque Hamás hará probablemente todo para perpetuar la situación actual y obstaculizar las alternativas. A mediano plazo, los contribuidores presionarán para que los países árabes e Israel asuman sus responsabilidades para resolver la cuestión de los refugiados palestinos, como se han resuelto en todo el mundo. En Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, en el subcontinente indio después de las independencias. No se trataba de 700,000 personas como en el caso palestino, sino de millones. En América Latina hay 20 millones de desplazados y refugiados de los cuales casi no se habla. Con imaginación y sobre todo voluntad política, se puede evitar el sufrimiento de los refugiados palestinos. Pero ni las autoridades palestinas ni los otros actores regionales y ni la ONU a través de la UNRWA tienen interés en perder un instrumento útil a sus propios intereses.
