Actores, ingredientes y herramientas de desinformación en América Latina

Una de las principales conclusiones de este análisis es el vínculo estrecho entre desinformación y populismo. Aunque el populismo es un fenómeno global ha afectado a nuestra región desde mediados del siglo pasado y ahora ha encontrado un nuevo impulso gracias a la desinformación.

Por Alfredo Suárez*

Cuando se habla de desinformación, los casos más conocidos suelen ser los de Cambridge Analytica y el Brexit, ambos ocurridos en países angloparlantes. Sin embargo, a nivel global, se habla poco de los casos de desinformación en América Latina. ¿Dónde nos encontramos? ¿Cómo estamos en la región?

Uno de los mayores contrastes al hablar de desinformación en Europa o Estados Unidos frente a América Latina es que, mientras en aquellos países se menciona a Rusia como el principal actor en la propagación de desinformación, ya sea en procesos electorales como el de Donald Trump o en las recientes elecciones en Alemania, el Estado ruso siempre es señalado como el principal culpable. En cambio, en América Latina, la desinformación tiene un componente local mucho más marcado.

Un ejemplo claro es lo ocurrido este año en Venezuela. Las elecciones venezolanas de 2024 fueron objeto de análisis en nuestro recién estrenado estudio Desinformación: cómo entenderla, combatirla y protegerse de ella, y son paradigmáticas porque muestran los efectos que puede tener la desinformación cuando es utilizada por un gobierno autoritario.

Aunque cuando se menciona desinformación solemos imaginar operativos sofisticados que incluyen software de última generación y expertos programadores o hackers, en el caso venezolano lo que encontramos fue la explotación de la vulnerabilidad de la población. A ésta se le paga con programas sociales o despensas a cambio de denunciar a sus vecinos por apoyar al presidente electo, Edmundo González Urrutia, y la líder de oposición, María Corina Machado, y publicar en redes sociales a favor del régimen del dictador Nicolás Maduro.

Situaciones como ésta se repiten a lo largo y ancho de América Latina. Investigaciones como la de Mercenarios digitales, del Centro de Investigación Periodística, muestran que muchos de los consultores políticos que operan en la región aplican estrategias cuyo objetivo no es tanto convencer a los electores, sino manipular sus emociones. Esta misma investigación encontró que en Brasil, una de cada cinco cuentas de desinformadores pertenece a políticos. Este dato, provisto por Universo Online, no contempla a bots ni cuentas de cuentas de la ciudadanía.

Una de las principales conclusiones de este análisis, a nivel personal, es el vínculo estrecho entre desinformación y populismo. Aunque el populismo es un fenómeno global, ha afectado a nuestra región desde mediados del siglo pasado y ahora ha encontrado un nuevo impulso gracias a la desinformación. De hecho, ésta se ha convertido en una herramienta clave para reforzar posiciones populistas y difundir discursos extremistas, además de sembrar dudas en las instituciones democráticas utilizando mentiras, o gracias a operaciones provenientes de países como Rusia, que a través de Russia Today, Sputnik o Ruptly propaga mensajes diseñados para minar la confianza en la democracia en América Latina, otro hecho ampliamente documentado en nuestro análisis.

Ante este panorama desolador ¿qué podemos hacer frente a la desinformación? Una de las herramientas que se menciona poco es el sentido de la realidad. Parafraseando al astrofísico Neil deGrasse Tyson, “la realidad no está obligada a tener sentido para ti”. Los eventos políticos, las preferencias de las personas y un largo etcétera, no necesariamente deben coincidir con nuestra forma de pensar.

No sugiero que adoptemos una postura de escepticismo extremo, sino que busquemos un escepticismo saludable, que nos permita tener una comprensión de la realidad lo más cercana a esta posible. Esto se logra utilizando fuentes acreditadas, de autoridades en el tema y evitando a toda costa consumir información que busque explotar nuestras creencias preexistentes o deseos, o de influencers que buscan más conseguir los clics y opiniones que información verídica y a que, en más de una ocasión, la realidad terminará imponiéndose a nuestras ideas preconcebidas.

Coordinador de comunicación para América Latina de la Fundación Friedrich Naumann*

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