72 días para ganar
Ha ido cumpliendo complejos desafíos, tomando en cuenta que se metió a la carrera a la mitad del año electoral, que no enfrentó elecciones primarias y ni siquiera tenía su propio eslogan
Por Verónica Mondragón
En medio de una ola de entusiasmo renovado, la demócrata Kamala Harris asumió la candidatura de su partido y con eso, el reto de montar una campaña exprés, de tres meses, para derrotar a su rival republicano, Donald Trump.
En la Convención Nacional, el evento estelar de su partido, en Chicago, Harris se convirtió en la primera mujer de color en buscar la presidencia de la mayor economía del mundo.
A partir de ahora, a tres meses de las elecciones presidenciales, queda por verse si Kamala logra convencer a los electores indecisos y a quienes no planeaban votar por el presidente Joe Biden.
A medida que afina su discurso de campaña, sigue pendiente ver qué tan efectivas serán las propuestas de la líder política de origen indio y jamaiquino para los grupos vulnerables de la Unión Americana.
Hace un mes, el jefe de la Casa Blanca, Joe Biden, decidió declinar a la candidatura, después de un errático desempeño en un debate que, claramente, perdió.
Desde entonces, la líder californiana ha ido cumpliendo complejos desafíos, tomando en cuenta que se metió a la carrera a la mitad del año electoral, que no enfrentó elecciones primarias, y ni siquiera tenía su propio eslogan.
Puede presumir que en un mes logró recaudar cuatro veces más que su contraparte republicana para la campaña, según los últimos reportes de cada partido.
También puede demostrar que cada vez más ciudadanos tienen una opinión favorable de ella en los sondeos nacionales. Incluso supo sacar partido de que es una política con trayectoria, pero al mismo tiempo, joven y activa, sin la carga política y el desgaste que ya arrastran Biden y Trump.
FISCAL VS. DELINCUENTE
En la Convención de Chicago, el primer mensaje estelar fue de Joe Biden, por lo que cada orador aprovechó para rendir una suerte de homenaje y agradecimiento, que en realidad funcionaba más como una despedida.
A diferencia de sus fallidas apariciones en público recientes, el mandatario se mostró firme, con una energía que poco se le vio en estos meses, claro, concentrado y sin confusiones. Concluyó que Kamala es la mejor opción y que él ama ser presidente, “pero ama más a su país”.
Pese a su salida, junto a Harris, Biden definió el discurso que marcará los próximos 72 días de campañas demócratas: la contienda contra Donald Trump es una guerra polarizada entre el caos y el orden, entre democracia y dictadura, o bien, entre una fiscal y un delincuente probado.
“Estados Unidos está en un punto de quiebre”, dijo el mandatario.
“No vamos a retroceder a la época de caos”, afirmó la vicepresidenta.
Si bien ese discurso dicotómico está claro, los asuntos más calientes de la agenda siguen pendientes de definirse.
En especial, el tema migratorio, con sólo algunas menciones en la Convención Nacional, principalmente por parte de políticos de estados fronterizos.
Harris aludió al acuerdo que cierra la frontera ante un exceso de solicitudes de asilo, que en realidad, Biden puso en marcha por decreto.
Es que hoy, incluso entre políticos demócratas, el mensaje ha cambiado: los líderes cada vez hablan más de seguridad fronteriza y menos de reformas migratorias.
En cambio, del lado republicano está claro el mensaje de demonización contra cualquier ciudadano que cruce desde México.
Al final, en estas campañas, se impuso el eje narrativo de Donald Trump.
Hasta ahora, el desafío de la campaña demócrata será revertir un discurso de odio y superar la tentación de polarizar aún más a la sociedad estadunidense y a esta competencia por la Casa Blanca.
