Esperanza en 2018
Canalicemos nuestras inquietudes a una solución más de fondo: mejorar nuestro carácter, modificar nuestra manera de ver las cosas y generar un entorno alegre
Por Santiago García Álvarez
Según el reconocido sicólogo de la Universidad de Pensilvania, Martin Seligman, uno de los grandes problemas del mundo actual es que hemos renunciado al carácter como explicación del comportamiento humano en favor del entorno.
Es así que, según el impulsor de la denominada “sicología positiva”, las causas de los problemas no suelen encontrarse en las personas sino “en la situación”, al mismo tiempo que las ciencias se enfocan prioritariamente en corregir los sucesos negativos, en detrimento del análisis y promoción de los aspectos positivos. En su opinión, los logros deben ser objetos de la ciencia tan legítimos como los sucesos horribles, los fracasos y las tragedias.
Pienso que se trata de una sugerente reflexión para este fin de año, cuando estamos muy próximos a hacer el balance del 2017 y el pronóstico para el 2018 y es probable que estemos atrapados por la sintomatología advertida por Seligman. En la opinión pública encontraremos, por lo general, críticas ante los sucesos del año que termina, así como cuestionamientos e inquietudes para el que sigue. Lo más común será achacar la mayoría de las problemáticas a factores externos, al entorno, a “la situación”, a Trump, al Gobierno, a los candidatos, etc.
Me da la impresión que bajo la lupa de la opinión pública parece desvanecerse la esperanza de un mundo mejor y parte del problema contemporáneo es pensar que nuestra tranquilidad o felicidad está en función de que ese entorno tan complejo que nos rodea encuentre una solución. Eso no va a suceder: el mundo y nuestro país siempre tendrán dificultades. Incluso, en el supuesto de presentarse un giro radical positivo en las circunstancias que nos rodean, es altamente probable que la opinión pública —y las conversaciones de café entre amigos— descubrirán nuevas dificultades para ensombrecer el panorama.
Cuando encontramos problemas en el entorno conviene tener siempre presente que en el fondo la gran mayoría derivan de fallos en el ser humano. Dedicamos muchos esfuerzos a diagnosticar los males del mundo, y quizá muy pocos a encontrar su raíz. Se destinan recursos a la solución de los males sociales y quizá no los suficientes a la formación de las personas, a la ética, a la moral y a la formación del carácter.
Por otra parte, es poco lo que ganamos al asumir una posición pasiva ante el “panorama de 2018”. Las cosas pueden estar más o menos bien (seguramente tendremos la sensación de que están peor), pero lo que sí está en nuestras manos es trabajar en nuestros propios enfoques, en nuestra manera de ver las cosas y en nuestra forma de colaborar en la solución de los problemas.
Es preciso observar el entorno, criticarlo constructivamente y tratar de modificarlo; pero con igual o mayor energía habría que enfocarnos en nuestras propias luchas, que finalmente nos llevarán a mejorar nuestro carácter y hacer más agradable la vida a los demás.
La esperanza es una virtud que ha ido perdiendo fuerza, que buscamos con cierta nostalgia, pero paradójicamente de manera desesperanzada. Hemos cometido el error de dejarla en manos de factores externos y desvincularla del sacrificio y esfuerzo personales. Una persona trabajadora, con capacidad de amar y dispuesta al sacrificio por fines nobles será una persona con ilusiones y perspectivas de futuro.
Lo mismo ocurre con la sociedad. Una sociedad crítica y perezosa tenderá a ver el panorama oscuro, mientras que una sociedad trabajadora y solidaria verá las cosas de manera más positiva.
¿Hay esperanza para el 2018? O dicho de otra manera, ¿existe algún antídoto ante la desesperanza? Por supuesto. Pero no seamos ingenuos. No centremos nuestras energías en buscar que “la situación mejore” y en esperar a que se presenten las condiciones ideales. Más bien canalicemos nuestras inquietudes a una solución más de fondo que, además, está en nuestras manos: mejorar nuestro propio carácter, modificar nuestra manera de ver las cosas y generar un entorno más alegre y optimista en nuestros pequeños o grandes círculos de influencia. De este modo el 2018 será un mejor año para todos.
*Rector del campus México de la Universidad Panamericana.
