50 años de la Universidad Panamericana

Por Santiago García Álvarez* El próximo 25 de octubre la Universidad Panamericana cumple 50 años de su fundación. Su joven trayectoria cuenta con algunos hitos importantes. En 1967 comenzó como Instituto Panamericano de Ciencias de la Educación, que ofreció la ...

Por Santiago García Álvarez*

El próximo 25 de octubre la Universidad Panamericana cumple 50 años de su fundación. Su joven trayectoria cuenta con algunos hitos importantes. En 1967 comenzó como Instituto Panamericano de Ciencias de la Educación, que ofreció la carrera de Pedagogía. En 1970, se inauguraron las licenciaturas en Derecho y Filosofía, lo que dio lugar al Instituto Panamericano de Humanidades. A finales de la década de los setenta, con el surgimiento de las licenciaturas en Administración, Economía, así como las primeras ingenierías, comienza formalmente la Universidad Panamericana.

En la historia de esta casa de estudios, son muchas las personas, hombres y mujeres, que desempeñaron un rol fundamental. Consciente de la injusticia que esto implica y la obligada disculpa a los demás protagonistas, menciono a dos personajes fundamentales: Carlos Llano y Alberto Pacheco.

Llano, reconocido filósofo y exitoso empresario, destacó también por la fundación del IPADE, la Escuela de Negocios de la Universidad Panamericana, que en la actualidad ocupa un lugar destacado entre las mejores escuelas de negocios a nivel mundial. Pacheco, notario y notable jurista, llevó a cabo muchas de las gestiones que dieron lugar al comienzo material y formal de esta Universidad. Ambos personajes, a su vez, se inspiraron en la figura de San Josemaría Escrivá, enérgico aragonés, adelantado a su tiempo, que dio a conocer un camino novedoso para entrelazar, de una forma muy natural, lo humano y lo espiritual.

Muchas universidades han tenido un destacado papel desde el punto de vista docente. Unas cuantas, además, han sabido generar conocimiento y promover la cultura. Lo novedoso de los fundadores de la Universidad Panamericana fue que no se limitaron a plantear los tres fines anteriores, sino un objetivo más complejo: la formación integral de las personalidades jóvenes. Se propusieron incidir en la esencia misma de los alumnos, y no únicamente en su preparación técnica. Su modelo educativo planteaba no sólo la excelencia académica sino también la exigencia –amable pero consistente-, intentando incidir en la voluntad al mismo tiempo que en la inteligencia.

Para ellos la docencia y la investigación eran necesarias mas no suficientes: se requería la asesoría académica –siguiendo la tradicional escuela del mentoring europeo- para poder impactar de manera más profunda en cada ser humano.

La ciencia es un hábito intelectual arduo. En su enseñanza, el alumno aprende a entender la realidad fundamentalmente a través de mecanismos deductivos e inductivos. La técnica, por su parte, enseña al aprendiz a saber hacer, llevando a cabo procesos, productos o incluso obras de arte de una manera práctica y eficaz.

La técnica y la ciencia son, bajo cierta perspectiva, sencillas, pues se trata únicamente de saber o de saber hacer. La formación de la persona es mucho más compleja, pues involucra su inteligencia, voluntad y afectividad, así como su libertad y su interior.

Una persona puede tener “ideas claras”, pero requiere actualizar y ejercer su libertad en cada momento de su vida. Emprender esa tarea educativa resulta mucho más difícil, pues depende ya no de las herramientas del educador, sino de la libertad del alumno y de su capacidad de asimilar realidades más profundas y menos verificables. Los fundadores de la UP eligieron el camino difícil: buscaron un modelo educativo cuyo “producto terminado” depende –en parte- de la acción libre del receptor, lo cual requiere un esfuerzo constante de la persona a lo largo de toda su vida.

Sin embargo, se trata de un fin más noble, al querer abarcar a la persona en su totalidad. Cuando se consigue, no únicamente se cuenta con un profesionista de altísimo nivel, sino también con un ser humano comprometido y profundo, preocupado de fondo por el bien social y el bien común. La clave de la idea fundacional fue plantear un modelo integral no en vez de, sino además de la preparación técnica y científica del más alto nivel.

Partiendo de una hermenéutica de la historia de la UP, podemos advertir algunos de los principios de sus fundadores. El amor al saber en sí mismo, además de las aplicaciones prácticas que esto conlleva. La ilusión por una universidad completa, que abarque desde las ciencias de la salud, las ciencias sociales, las ingenierías, las ciencias económicas y empresariales, la comunicación, la hospitalidad, el derecho o las bellas artes. La formación humanista, como base fundamental para cualquier profesión, no únicamente para las carreras de las ciencias sociales.

Bajo esta perspectiva, la conservación o lanzamiento de un programa académico no descansa en categorías pragmáticas; su rendimiento no es la razón fundamental de su existencia, sino su valor intrínseco y su aporte a la sociedad. Tal es el caso de enfermería y filosofía, por citar algunos ejemplos.

Según palabras del conocido sociólogo Donati, el debate actual no consiste en la tensión entre el mercado y el estado, sino en la escondida lucha de lo humano contra lo no humano. En esa línea, los iniciadores de la UP siempre tuvieron clara su misión: plantear una postura abierta a la verdad, partiendo de que ésta existe, aunque con numerosos matices e implique un camino arduo y, por supuesto abierta al diálogo y la reflexión. Esta circunstancia ubica a la Panamericana en nuestro tiempo en una valiente minoría ante una sociedad más inclinada hacia posturas relativistas.

En los días siguientes al sismo del 19 de septiembre fui testigo de un movimiento espontáneo de la comunidad UP. Me llamó profundamente la atención que en un campus pequeño –en licenciatura en CDMX hay 4400 alumnos entre Mixcoac y Santa Fe- circularan 4800 voluntarios en labores de voluntariado, en numerosos campos de ayuda más allá de un centro de acopio. No importaba si eras ingeniero, financiero o psicólogo; no importaba si eras investigador, alumno o empleado: se buscaba una causa común y era ayudar. Pienso que Llano, Pacheco y los demás encaminadores de este proyecto se habrían sentido orgullosos de verificar cómo sus raíces humanistas han producido fruto en una comunidad preparada y comprometida.

Actualmente la Universidad Panamericana cuenta con tres campus –Aguascalientes, Guadalajara y Ciudad de México- y una escuela de negocios –el IPADE-. Su apuesta fundacional no mira a un crecimiento cuantitativo de grandes dimensiones.

A pesar de las desventajas que en ocasiones tiene una universidad pequeña, la razón profunda apunta a un modelo de atención personalizada y calidad educativa de grupos limitados: ni muchos ni pocos, sino aquellos verdaderamente susceptibles de recibir un modelo, y correlacionado con la capacidad interna de atención. Conservar un alto porcentaje de investigadores en relación con la matrícula de alumnos, así como garantizar un asesor académico para cada alumno.

Enhorabuena a todos los exalumnos, alumnos y profesores de la UP. Se habla mucho de la generación de la década de los sesenta, inquieta y rebelde, ante las injusticias de aquel entonces. Ahora vale le pena rendir homenaje a estos otros seres humanos, generación también de esa época, que también fueron rebeldes a su modo y soñaron con un proyecto que sigue creciendo y que en el largo plazo será, mayor a aquel sueño original.

                *Rector del campus México de la

                     Universidad Panamericana.

Temas: