El INEE, primera etapa
A la primera Junta de Gobierno le tocó poner en movimiento concepciones que se derivan de la enmienda constitucional.
Por Carlos Ornelas *
Hoy se cumplen cuatro años de que el Senado de la República tomó la protesta a los cinco integrantes de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Mañana será el cambio de estafeta en la presidencia de dicha junta.
El INEE tenía Junta de Gobierno, pero sin contar con una ley, conforme a las reglas que el Congreso federal estableció con las reformas a los artículos 3 y 73 en 2013. Una de las anomalías de nuestra ingeniería constitucional. Sin embargo, el INEE —sin autonomía— ya era un órgano del Estado, tenía oficinas, personal y labores que realizar.
Desde la perspectiva constitucional, el INEE es un órgano autónomo que pone orden en las tareas de evaluar la calidad, el desempeño y resultados del sistema educativo nacional en la educación preescolar, primaria, secundaria y media. Su misión deriva de dicho mandato: “Evaluar la educación obligatoria, así como coordinar y regular las tareas de evaluación en el marco del Sistema Nacional de Evaluación Educativa y aportar directrices de mejora con el fin de contribuir al cumplimiento del derecho a una educación de calidad con equidad”.
Desde otra perspectiva, según la teoría de Guy Neave, el INEE es la punta de lanza del Estado evaluador. Es el que diseña y realiza mediciones de componentes, procesos y resultados del sistema escolar (comandos); expide lineamientos a los que las autoridades educativas federal y estatal deben sujetarse en cuanto a la evaluación educativa (directrices); y genera y difunde información para tomar decisiones (racionalidad burocrática).
A la primera Junta de Gobierno le tocó poner en movimiento concepciones que se derivan de la enmienda constitucional —inspirada a su vez en un conjunto de ideas “viajantes”, en boga en el ámbito internacional— y que, a partir de su discusión en el Congreso, presagiaban pugnas.
Si bien ya había experiencia en los concursos para el ingreso a la carrera docente con la Alianza por la Calidad de la Educación, no resultaba confiable por ser producto de un pacto corporativo entre la Secretaría de Educación Pública y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. El desafío mayúsculo para la Junta fue organizar y llevar a puerto la primera evaluación del desempeño docente. Asunto en el que no había antecedentes.
Esta evaluación generó las mayores protestas, además de incertidumbre entre los maestros de base. Nadie sabía qué iba a pasar con su plaza, los rumores diseminados por las redes sociales contribuían a su desasosiego. Fue una prueba de fuego de septiembre a noviembre de 2015.
Los cinco miembros de la Junta, Eduardo Backhoff, Teresa Bracho, Gilberto Guevara y Margarita Zorrilla, encabezados por su presidenta, Sylvia Schmelkes, asistieron al XIV Congreso Nacional de Investigación Educativa, en noviembre de 2015 y les cayeron críticas al por mayor. Hubo hasta diatribas.
Pasados los meses uno se da cuenta de que escucharon, que fueron sensibles, modificaron ciertos patrones. Hoy, el INEE se prepara para otras jornadas.
Conozco a los cinco integrantes de la Junta, cada uno tiene carácter y debilidades; nadie es impoluto. Me imagino que fue arduo ponerse de acuerdo teniendo carreras y perspectivas tan diferentes. Para conciliar entre ellos, Sylvia Schmelkes tuvo que echar mano de sus mejores artes. Dirigió una institución que se reformaba a fondo en tiempo de atolladeros, lo hizo bien. Hoy es su último día como presidenta del INEE ¡Auguro que no se va a descansar!
Eduardo Backhoff tomará las riendas a partir de mañana. No dependerá de él, ni de la Junta en su conjunto, ni siquiera del INEE, sino de un contexto político conflictivo si el INEE se afana en la perspectiva constitucional o se encamina a perfeccionar los atributos del Estado evaluador.
*Académico de la Universidad
Autónoma Metropolitana.
