La Navidad según los diputados

El bono navideño que los legisladores se han otorgado desde hace varias legislaturas es un gasto no justificado, renunciar a él es  rechazar la opacidad y discrecionalidad

Por Clemente Castañeda Hoeflich*

En los próximos días renunciaré, como ya lo hice en el año 2015, al “bono navideño” que los diputados federales se han otorgado desde hace varias legislaturas. Estos bonos son parte de las llamadas subvenciones extraordinarias, que son gastos no programados y no justificados. El año pasado, toda la bancada de Movimiento Ciudadano rechazó más de nueve millones de pesos que pretendían repartirse bajo este concepto; para este año se anunció ya un bono de cuando menos 150 mil pesos por diputado.

Renunciar a este bono significa entender la frágil situación financiera por la que atraviesan nuestras instituciones, los sacrificios que los ciudadanos hacen todos los días en sus bolsillos, y significa rechazar la desigualdad que existe en nuestro país. Es entender que casi 80 millones de pesos de recursos públicos no deben ser despilfarrados.

Renunciar a este bono también significa rechazar la opacidad y la discrecionalidad en el manejo de recursos públicos, porque estos bonos reciben un trato de excepción, ya que no existe la exigencia de comprobar los gastos y erogaciones realizadas con los mismos; esto contraviene de manera flagrante los lineamientos de transparencia y rendición de cuentas.

Las más recientes reformas en la materia, tanto la expedición de la Ley General, como la expedición de la nueva Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, deben contribuir a revertir esta situación, dado que, con ellas, los grupos parlamentarios se convierten en sujetos obligados y deben rendir cuentas sobre estos recursos. Lamentablemente, se ha extendido el tiempo para cumplir con los lineamientos de transparencia bajo distintos pretextos y argumentos.

La Cámara va atrasada en materia de transparencia y rendición de cuentas; hoy no debería existir ningún rubro discrecional ni en la opacidad. Todos los recursos públicos deben ser transparentes y ésa es una de las tantas prioridades que tenemos para reconstruir la vida institucional de México y la relación entre ciudadanos y autoridades.

Sin embargo, como en otros temas de esta misma naturaleza, estamos ante un asunto de voluntad política y convicciones. Por ello, el Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano ha puesto en operación su propia página de internet para transparentar y comprobar el origen y el destino de los recursos públicos recibidos. En tanto no se consoliden las bases institucionales para hacer exigibles estas disposiciones, debe existir la voluntad política de rendir cuentas y transparentar al máximo estos recursos.

Frente a un panorama verdaderamente complicado en términos económicos, en un momento en que estamos discutiendo la implementación del Sistema Nacional Anticorrupción, en el que todos debemos abonar a la rendición de cuentas y en el que seguimos discutiendo el tema del salario mínimo; la Cámara de Diputados debería conducirse con mayor responsabilidad, sensibilidad y combatir de manera frontal el abuso político y el derroche de los recursos públicos.

*Coordinador del grupo parlamentario de Movimiento Ciudadano

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