La jornada del 5 junio: alejamiento del mundo vital

Es como si hubiera algo en el fondo que molesta a la ciudadanía y que no se expresa o no se ex-plica por los canales tradicionales

José Antonio Lozano Díez*

Esta semana nos hemos visto sorprendidos por los resultados electorales del domingo pasado, han sido motivo de muchos comentarios. Pareciera que muchas de las encuestas y estudios de opinión fallaron. Es como si hubiera algo en el fondo que molesta a la ciudadanía y que no se expresa o no se explica por los canales tradicionales.

En 1989 se publicó el libro de Alejandro Llano La nueva sensibilidad, en el que abordaba el análisis de las últimas causas del malestar social, escondidas a simple vista, pero palpables de manera evidente a través de sus consecuencias. En dicho libro escribía, haciendo alusión al filósofo y sociólogo Jürgen Habermas, “(…) que la consabida crisis del Estado del Bienestar no es solo ni fundamentalmente un atasco funcional, sino que remite a una complejidad cada vez menos abarcable con nuestros recursos intelectuales y operativos, a una ausencia de panorama para articular sobre él visiones comprensivas y proyectos viables. La falta de panorama, de capacidad de percibir totalidades con sentido, está conduciendo a una generalizada perplejidad (…)”.

La parte interesante de la postura de Llano, así como de otra serie de pensadores como el propio Habermas o Macintyre, es el reconocimiento de I) la existencia de una nueva y cada vez mayor complejidad, II) la insuficiencia de nuestros modelos de pensamiento totalizantes (económicos y políticos) y III) la perplejidad que ello genera ante la pérdida de panorama.

De acuerdo con varios de estos autores el denominado mundo vital, el mundo de la cultura, los valores, las ilusiones, el modo de ver el mundo de una determinada sociedad –concepto más profundo que el de sociedad civil— se siente y se encuentra alejado de la toma de decisiones de rumbo.

Este mundo vital que es el que late en el fondo de los hombres que conforman la sociedad se encuentra profundamente desencantado por diversas causas.

Siguiendo las ideas de los autores que se han aproximado a este problema podríamos decir que la sociedad occidental dominada por la relación Estado-mercado ha construido los modelos de vida ciudadana de espaldas a aspectos más profundos de la personalidad.

Estos aspectos más profundos de la personalidad recorren la aproximación a la cultura, a la expresión personal y artística, a las necesidades de carácter más espiritual. De manera que los modelos que los olvidan producen desencanto en el ciudadano de a pie.

Estos mismos autores señalan que el modelo político moderno al paso de los años ha venido evolucionando hasta construir lo que denominan la tecnoestructura. La tecnoestructura es el espacio en donde se han colocado los tomadores de decisión y está conformada por distintas clases de actores que leen la realidad en clave de poder o de dinero. En este sentido parece ser que el origen del malestar está en la distancia, a veces de mucha lejanía, que existe entre la tecnoestructura y el mundo vital.

El ciudadano de a pie se siente alejado del discurso, la lógica de funcionamiento y el rumbo que la tecnoestructura decide para la sociedad a la que pertenece. Por su parte, la tecnoestructura supone que los complejos problemas que se viven en los ámbitos profundos de la vida social se resuelven de forma exclusiva con medidas de carácter político, económico o publicitario.

Es aquí en donde la visión tradicional, las encuestas de opinión y los cálculos políticos cada vez se alejan más de la realidad.

*Rector general de la Universidad Panamericana-IPADE.

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