Rubén Rocha Moya, el gobernador señalado por EU de proteger al Cártel de Sinaloa, cuya detención con fines de extradición sigue pendiente, quiso regresar a su cargo después de 112 días de licencia para obtener nuevamente fuero. Lo hizo, sin embargo, en el momento más inoportuno.
Rocha Moya no decidió volver por cuenta propia; aún teme una acción de EU. Fue instrucción directa de Andrés Manuel López Obrador, que quiso protegerse creyendo que todavía gobierna el país. Claudia Sheinbaum mostró su disgusto. Al día siguiente dijo que se enteró por un mensaje en X y, aun así, afirmó que fue una decisión personal de Rocha que no involucra ni a su gobierno ni a Sinaloa. Sin embargo, envió un mensaje, sin nombre, pero con destinatario: “Ningún interés personal, incluso por más legítimo que sea, está por encima del interés general”.
En política no hay coincidencias. Sheinbaum se enteró días antes de la decisión de Rocha, a través de un informe de la Secretaría de la Defensa, y de quién estaba detrás de la misma. El día que el gobernador salió, ella dio una instrucción: enviar señales de advertencia al expresidente, pues la decisión de regresar a Rocha traería consecuencias al país. Días antes, Andy le había generado un problema mayúsculo tras el retiro de su visa y el reclamo a Donald Trump.
Se enviaron las primeras señales a AMLO y a Andy. Frenar sus intenciones de seguir interviniendo en las decisiones del gobierno o habrá consecuencias. Ya no se aceptarían los chantajes en torno a información que dicen tener y que afectan al gabinete, a Sheinbaum y a la gente que la apoya.
Rocha lo entendió también. 34 horas después solicitó otra licencia. Indefinida, dijo Sheinbaum. Fue un golpe de autoridad. Coincidentemente, la licencia se dio al tiempo que era detenido Fausto Corrales, principal testigo del secuestro de Ismael El Mayo Zambada y del asesinato de Héctor Melesio Cuén, opositor político de Rocha Moya. Tal vez fue también calculado, porque si bien Sheinbaum mantiene el vínculo con López Obrador, sigue la presión de EU.
Ya no es Donald Trump directamente, ahora son el director de la DEA, Terry Cole, y el fiscal general, Todd Blanche. Coinciden en que la falta de cooperación tiene que ver con el temor de que sus investigaciones afecten la estabilidad del gobierno de México. No son palabras al viento; EU tiene otra lista de políticos relacionados con los cárteles y entonces habría más presión a Sheinbaum. Así que en algunas instancias sólo se espera la orden para poner en la cárcel a Rocha Moya, a los hijos del expresidente y al mismo AMLO. Se sabe que el exgobernador tiene suficiente información relacionada con López Obrador y varios políticos de Morena. Por algo aquella frase: “Si caigo, caemos todos”.
No fue casual el mensaje desde Argentina, donde, con ayuda de EU y la DEA, las autoridades sudamericanas accedieron a la deportación de Fernando Farías Laguna, sobrino político del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda, pieza clave relacionada con el huachicol y donde también figuran, entre otros, AMLO y sus hijos, Rocha Moya y Adán Augusto López.
El “¡no estás solo!” que vitorearon hace tres meses gobernadores, legisladores y dirigentes de Morena parece que quedó atrás. La nueva consigna es: o están con Rocha o están con la Presidenta. El miedo de ser investigados orilló a los propagandistas a guardar silencio de forma humillante. El mote de “narcopartido” le ha hecho daño a Morena, qué mejor manera de reivindicar al movimiento antes de 2027 que encarcelando a Rocha Moya y a otros narcopolíticos en México, lo que enviaría otro mensaje, además de Palenque, a EU.
DE IMAGINARIA
En el Colegio del Aire, en Zapopan, Jalisco, el cielo fue escenario de un espectáculo aéreo en la ceremonia de clausura y apertura de cursos del Sistema Educativo Militar, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla. Se graduaron 8 mil 138 militares y se dio la bienvenida a una generación de más de 5 mil alumnos.
