Hay mucho Presidente
Al estilo de esta nueva administración, la fiesta del Presidente no podía ser menos sencilla, una verbena nada austera, un gran dispositivo en la plancha del Zócalo para disfrutar el concierto de la Sonora Santanera, uno de los grupos favoritos y nada baratos en México. ...
Al estilo de esta nueva administración, la fiesta del Presidente no podía ser menos sencilla, una verbena nada austera, un gran dispositivo en la plancha del Zócalo para disfrutar el concierto de la Sonora Santanera, uno de los grupos favoritos y nada baratos en México. La llegada de más de 200 camiones que transportaban a las personas de diferentes estados sorprendió las cámaras de ciudadanos indignados por la exhibición de un gran derroche de recursos para satisfacer los caprichos de este gobierno.
Oleadas de personas con bolsas de comida y bebidas que les fueron repartidas al llegar a las calles aledañas al Zócalo y que nos hacen recordar las mismas prácticas para acarrear gente con fines políticos. Una fiesta que pretendía hacer olvidar a los muertos, que irónicamente sumaban durante el festejo 127 víctimas más, convirtiéndose, así, en el día más violento del 2019. Sin ninguna sorpresa, el discurso del Presidente emitió los mismos datos y las mismas afirmaciones de sus retóricas mañaneras, un informe que no coincide en nada con la realidad, pues a unos cuantos kilómetros de ahí se demandaba, en las palabras de dolor de Adrián y Julián LeBarón, otra realidad.
Frente a miles de ciudadanos que se manifestaron marchando del Ángel de la Independencia a la plancha del Monumento a la Revolución para expresar su inconformidad por los resultados del primer año de gobierno, en materia de seguridad y crecimiento económico, las notas de la trompeta entonaban el Toque de Silencio, derramando tristeza en los asistentes por la masacre de la familia LeBarón. Dos eventos que a propósito se dieron en el mismo horario, hablaban de dos distintas realidades y de dos versiones de mexicanos.
Las palabras de Adrián LeBarón fueron duras y contundentes, “vivimos en un país que ha perdido el respeto por la vida, matar a mujeres, niños y bebés es un acto despiadado, pero seguir viviendo nuestras vidas como si nada sucediera es un acto de cobardía infinita”.
Al Presidente sólo le pide reconocer que la estrategia de seguridad no es la correcta, tal como muchas organizaciones y ciudadanos le exigen. Pero la respuesta de quien es el responsable de ella es el silencio y la ausencia, porque en lugar de que Alfonso Durazo acompañe a estos padres en su dolor, sólo declara que hasta que el año termine podrán afirmar que el 2019 será el año más violento en la historia de México, como si las cifras que ya han sido superadas aún no lo convencieran. La tarde del domingo pudimos ver con toda claridad la polarización que se intensifica día a día con el discurso presidencial.
Los adjetivos con los que el Presidente califica a quienes se oponen a sus verdades hoy son la mecha encendida entre ciudadanos que olvidan ser todos mexicanos. López Obrador pide un año más para revertir los dos grandes temas en el que aún las cifras no le favorecen. Para lo que la atinada declaración del secretario Cresencio abre la posibilidad de una estrategia correcta, concentrar todo su esfuerzo en evitar la entrada de armamento a México a través de la frontera Norte, por encima del combate a las drogas, después de dar a conocer la manera en que éste logra ser introducido por criminales de Estados Unidos.
Sin duda este tema y otros de no menor importancia serán tratados en el encuentro con William Barr, fiscal estadunidense, con el presidente López Obrador, su gabinete de seguridad y por supuesto con el canciller Ebrard, quien pondrá todo su empeño para evitar que los cárteles de la droga sean clasificados como terroristas, tal como lo puso frente al Senado al ser él clasificado como vicepresidente; su respuesta fue contundente, aclaró que las funciones que desempeña son las de su Secretaría y terminó haciendo énfasis en que “hay mucho Presidente”.
DE IMAGINARIA: Arturo Farela, presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas, asegura que el plan de acción del gobierno federal es ofrecer en el Programa de Jóvenes Construyendo el Futuro una hora de estudio bíblico; aunque la Secretaría del Trabajo negó la veracidad de sus palabras, Farela cuenta con muchas razones para asegurarlo. Nada más peligroso que involucrar la política con la religión. Cuauhtémoc Cárdenas le da un fuerte golpe al ego del Presidente, al decir que su gobierno no tiene nada de cardenista ni mucho menos de izquierda. Si alguien lo conoce bien es precisamente él.
