Después de ocho años de gobiernos de Morena, las grandes promesas de transformación se convirtieron en mentiras: servicios fundamentales en deterioro y un discurso que ya no alcanza para tapar el fracaso. El agua no llega como se prometió y los trabajadores de la salud salen a las calles para denunciar las condiciones en que atienden a millones de mexicanos.
En Jalisco, la presa El Zapotillo fue presentada por López Obrador como la obra que resolvería el problema del agua en el estado. Se inauguró entre aplausos; se habló de abasto garantizado para Guadalajara y otras regiones. La realidad es que el sistema no quedó funcionando como se prometió. La propia Claudia Sheinbaum reconoció que hay obras pendientes y que la Federación, así como el gobierno de Jalisco, deben trabajar para completarlas. Fiel al estilo de Morena, se inauguró lo que no estaba terminado.
Quienes pagan las consecuencias son las familias jaliscienses. Son ellas las que cargan con el costo de obras mal planeadas y peor ejecutadas: familias que esperan agua que no llega o que, cuando finalmente llega, lo hace con olores fétidos y en condiciones deplorables; familias que tienen que organizar su vida en torno a los tandeos y que terminan gastando en pipas para obtener un servicio que debería estar garantizado por el Estado. Una obra incompleta no es un simple trámite pendiente: es una carga diaria que golpea el bolsillo, trastoca la rutina y vulnera la tranquilidad de miles de hogares. La factura no la pagan quienes cortaron el listón, sino quienes abren la llave y no sale agua. Las familias de Jalisco no necesitan demagogia ni actos de propaganda: necesitan agua todos los días.
El Zapotillo no es un caso aislado, es el patrón de un gobierno que prefiere el anuncio a la obra: grandes proyectos convertidos en símbolos políticos que, a la hora de entregar resultados, simplemente fallan. En el agua, como en la salud, el discurso corrió mucho más rápido que la obra. La marcha transcurrida el día de ayer dejó en evidencia la falta de pericia política del gobernador, ya que todos sabemos que quien controla al Bloque Negro es Morena.
El sector salud es el ejemplo más doloroso. Los trabajadores del IMSS han protestado por la falta de medicamentos, insumos, mobiliario, personal y tener condiciones laborales dignas. Lo denuncian quienes trabajan todos los días dentro de hospitales y clínicas. López Obrador prometió llevar el sistema de salud a niveles semejantes a los de Dinamarca. Fue una de las banderas más repetidas de su gobierno, y el resultado está a años luz de ese modelo. Una burla para quienes confiaron en esa promesa.
Un sistema de salud se mide por lo que ocurre en el hospital, no en una conferencia de prensa. La muerte de menores por infecciones asociadas a la atención hospitalaria en instalaciones del IMSS expone la cara más dolorosa de esta crisis. Detrás de cada caso hay familias que llegaron a un hospital buscando salvar la vida de sus hijos y terminaron enfrentando una tragedia. Los reportes sobre infecciones por bacterias y hongos en áreas neonatales obligan a cuestionar las condiciones de higiene, prevención, vigilancia epidemiológica y atención en los hospitales públicos. No basta con anunciar investigaciones cuando ya hay menores fallecidos. El Estado tiene la obligación de garantizar que un hospital sea un lugar seguro, y hoy no lo está cumpliendo.
Ésa es la mayor mentira de Morena: construyó su narrativa sobre la promesa de que todo cambiaría y ahora tiene que responder por sus malos gobiernos. López Obrador gobernó seis años con mayoría legislativa y recursos suficientes; Sheinbaum hoy gobierna en las mismas condiciones. Ya no pueden seguir culpando a las administraciones anteriores de problemas que están en sus manos.
El agua y la salud son demasiado importantes para reducirlos a propaganda. Una presa inaugurada no es agua garantizada; un hospital abierto no es un hospital con medicamentos; un anuncio de inversión no es atención adecuada.
El saldo de López Obrador y Claudia Sheinbaum tendrá que medirse ahí, en obras que no resolvieron el problema, en hospitales con carencias y en promesas mucho más grandes que los resultados. Quienes padecen la distancia entre lo prometido y lo entregado no son los funcionarios, sino las familias que hacen fila por una medicina o esperan que llegue el agua. Los mexicanos seguimos esperando que los servicios públicos y el gobierno funcionen.
Porque es evidente que, hoy, la propia Presidenta sigue mintiendo como lo hizo López Obrador.
