Barbosa, el tránsfuga

La trayectoria del candidato de la coalición Juntos haremos historia a la gubernatura de Puebla, Miguel Barbosa, se ha desarrollado más en las sombras que en los claros de la política mexicana. 
 

Por eso, el discurso con el que pretende venderse en la campaña electoral —como alguien consistente con sus principios, austero en su vida cotidiana y cercano a las preocupaciones de sus paisanos— le resulta cada vez menos creíble a un creciente sector de los votantes de la entidad que empieza a caer en cuenta de sus verdaderas cualidades negativas, como resultado natural del intenso debate en curso.

El déficit de credibilidad de Barbosa amenaza con ampliarse en lo que resta del proceso, pues la salida a la luz de nuevas inconsistencias en sus decisiones públicas y manejo de las finanzas personales, en vez de ser reconocidas como fallos y mostrarse dispuesto a la más mínima rendición de cuentas, el candidato intenta distraer la discusión de fondo con acusaciones de “guerra sucia” como respuesta.

Miguel Barbosa es un tránsfuga profesional. Tras fracasar su firma Barbosa, Huerta y Asociados en Tehuacán, Puebla, salta como militante activo a las filas del Partido Revolucionario Institucional hacia la mitad de la década de los ochenta.

Como parte de ese instituto político, fue colaborador del primer círculo de confianza de Mundo Lado Sanz, presidente municipal de la misma ciudad, quien año y medio después de su elección fue obligado a separarse del cargo por serias acusaciones de malversación de recursos públicos. Cerradas sus posibilidades en el Partido Revolucionario Institucional, encuentra cobijo en el Partido de la Revolución Democrática,

organización que también traicionaría años más tarde.

Este punto de su trayectoria resulta relevante para el electorado poblano, porque tras ejercer una descolorida presidencia estatal del PRD, a partir del año 2000 abandona el estado por la Ciudad de México, para tejer al hilo durante casi dos décadas una serie de cargos como legislador federal plurinominal e integrante del Comité Ejecutivo Nacional perredista. Una carrera política construida a partir de la traición, primero a la corriente Izquierda Democrática Nacional —que lo rescató de la mala reputación como priista—, luego a la de Nueva Izquierda —que lo llevó al Senado por la vía de la representación proporcional y que le diera su apoyo en su búsqueda de la coordinación parlamentaria— para, finalmente, utilizar al Partido del Trabajo como trampolín hacia Morena.

Lo interesante es que el juego de deslealtades e incongruencias de Barbosa trasciende a su vinculación partidista. Durante meses se dedicó a impulsar la figura de Miguel Ángel Mancera como candidato de la izquierda a la Presidencia de la República. Tiempo en el que realizó fuertes críticas a la “soberbia infinita” de Andrés Manuel López Obrador e incluso denostó a Morena señalando que no representa un partido nuevo, “¿cómo lo va a hacer con rostros como el de AMLO?”, apuntaba con burla Miguel Barbosa. La misma burla con la que también aseguró que no buscaba una candidatura, pero hoy es el abanderado de un movimiento dedicado de tiempo completo a sumar cuanto político pueda, por más desacreditadas que tenga sus credenciales.

A la incoherencia política, el debate electoral en Puebla ha dejado en evidencia la incongruencia financiera de Miguel Barbosa, al no cuadrar sus estados de ingresos y egresos. El candidato de Morena ha sido incapaz de explicar cómo si sus ingresos anuales ascienden a 1.8 millones de pesos, según su propia declaración 3 de 3, pudo gastar —de acuerdo con un medio de comunicación— 1.7 millones en las vacaciones familiares tomadas en tan sólo un año, realizadas en costosos centros turísticos como los de Londres, París, Pekín, Seúl y Roma.

Lo interesante es que el candidato del Movimiento Regeneración Nacional acuse “guerra sucia”, pero no niegue el haber realizado los viajes y compras de turismo de élite. Demos por descontada comprender la cadena de traición que representa la carrera política de Barbosa, pero, por lo menos, que muestre los estados de cuenta de las tarjetas de crédito de él y sus dependientes.

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