El cambio inclusivo que México requiere

El cambio que México requiere vendrá sólo de un proceso donde la ciudadanía tenga la voz principal
 

A ella, los partidos políticos deben garantizar procesos de contienda abierta y democrática, mediante los cuales les sea posible a los votantes el contrastar la trayectoria de los aspirantes presidenciales, analizar la pertinencia de sus atributos y evaluar las alternativas de política pública propuestas por cada uno. Si la sociedad ha mostrado escepticismo de los alcances de la clase política, toda fórmula que replique la toma de decisiones de arriba hacia abajo, tiene mayores probabilidades de estar condenada a la derrota electoral, porque será percibida como una continuidad de la brecha que separa lo político de lo ciudadano.

El proceso abierto y democrático difícilmente surgirá del PRI o de Morena. El primero, es un partido disciplinado a los mandatos de la cúpula donde la rendición de cuentas se da en sentido contrario, esto es, de la base hacia arriba. En el caso de Morena, el partido es más bien un comité de campaña que busca hacer llegar a la Presidencia, a un político de perfil autoritario. En la contienda también se encuentran un conjunto de candidatos independientes que, con mayores o menores fortalezas, estarán durante tres meses llamando con intensidad al respaldo de la gente, a fin de conseguir el número mínimo de firmas exigido por ley para aparecer en la boleta. Entre los partidos de corte autoritario y los aspirantes independientes que ya están llamando a la puerta de los electores, el Frente Ciudadano por México afianzará su atractivo popular en la medida que consiga un proceso real y consistente de deliberación inclusiva. Las propias encuestas publicadas en los últimos días muestran un escenario inercial poco esperanzador.

Para dar el golpe de timón, el Frente está obligado a vencer resistencias de las directivas partidistas que lo integran. Tres resistencias principales. Primero, dar oportunidad a una mayor inclusión en las definiciones. Hasta ahora las negociaciones han sido conducidas por un grupo reducido de personas, las cuales asumen acuerdos sin tomar en cuenta las instancias de deliberación de los partidos u otros liderazgos legítimos en los mismos. Acuerdos que además son conocidos a cuenta gotas a través de los medios de comunicación. La opacidad en las conversaciones en poco ayuda a la unidad del Frente, si se considera que los dirigentes del PAN y del PRD mantienen los intereses de hacerse de una candidatura bajo su paraguas. Es difícil distinguir si la agenda de negociación se resuelve con fines de apertura a la sociedad, o es producto de la cerrazón a conveniencia de proyectos personales.

Segundo, hacer de una votación abierta a todos los ciudadanos, el proceso de elección de candidato presidencial. La voz de los dirigentes partidistas ha sido de evasiva y deja de honrar a una sociedad exigente de ser tomada en cuenta. No hay pretexto que valga para desviar tan importante designación a otra forma de método que tendría menor representatividad. Si lo que preocupa es una posible injerencia de gobiernos emanados del PRI, bien se puede solicitar al INE una lista de electores que excluya a los mexicanos afiliados no sólo al PRI, sino al resto de los partidos. Con ello y tomando en consideración que un importante número de estados se encuentra bajo control de la oposición, se mitigan en gran medida los riesgos expresados sobre este punto en particular.

Tercero, generar certidumbre al espacio de reflexión ciudadana. De manera reiterada se ha sostenido, por parte del jefe nacional del PAN, que podría ser hasta el 14 de diciembre cuando la coalición electoral defina el método de selección. Ello implicaría restar tiempo a los aspirantes —ya declarados y a quienes aún evalúan las posibilidades de competir en el marco del Frente— para la debida preparación de sus precandidaturas, al tiempo que disminuiría el periodo del proceso de competencia, pues es con esa misma fecha que por ley empiezan las precampañas y el INE tiene diez días para aprobar la propuesta de método planteada por la coalición. Finalmente, si el PAN quiere un FCM exitoso, la congruencia debe empezar desde casa. Es tiempo de conceder margen a reconstituir la unidad dentro del partido. La militancia aborrece la falta de resultados de la clase gobernante, pero también, pide un giro a una dirigencia nacional más concentrada en ahondar la descalificación interna y en responder ataques personales del exterior, que en plantear la agenda de soluciones de fondo requerida por el país y en abonar, con hechos, a superar el momento de crisis por el que pasan los panistas. El cambio que México necesita pasa por hacer ciudadano el Frente, pero empieza por el propio PAN.

Temas: