Caso Narvarte: diez días y nada…

Entre protestas nacionales y en el extranjero que explotan bajo el mismo grito: ¡basta ya de impunidad en México!, se cumplen ya diez días del asesinato de cinco personas en la colonia Narvarte, entre ellas, el del fotógrafo Rubén Espinosa y la activista Nadia Vera. ...

Entre protestas nacionales y en el extranjero que explotan bajo el mismo grito: ¡basta ya de impunidad en México!, se cumplen ya diez días del asesinato de cinco personas en la colonia Narvarte, entre ellas, el del fotógrafo Rubén Espinosa y la activista Nadia Vera. ¿Qué se sabe en concreto sobre el multihomicidio? Prácticamente nada…

Anuncia la PGJDF que hay un detenido: un exconvicto de 42 años de edad que asegura haber estado en el departamento de Luz Saviñón, robar algunas cosas, pero que no mató a nadie. Y hasta allí. ¿Dónde están sus cómplices? ¿Qué tanta veracidad habrá en este hombre presentado por las autoridades como presunto responsable, en medio de una fama bien ganada de fabricar culpables?

Si por robarles fueron asesinados, que las autoridades lo comprueben plenamente, agotando las líneas de investigación sobre las amenazas recibidas tanto por Espinosa como por Vera, quienes salieron huyendo de Veracruz debido a sus actividades.

Si el objetivo central era la colombiana Mile Virgnia Martín, que se aclare, bajo una investigación rigurosa, si Rubén, Nadia y otras dos mujeres estuvieron, efectivamente, en el lugar equivocado y en el momento menos indicado.

Pero lo que no se puede —no podemos— permitir es que nos den una investigación incompleta, manipulada y que deje preguntas sin responder. ¡Eso no lo concebimos! ¡No debemos, como periodistas —escribwo a título personal— ni aceptarlo ni acatarlo!

Si fue robo, entonces que se responda a estas preguntas:

¿Qué podrían haberse robado de un departamento de clase media que ameritara —por así decirlo— la muerte violenta, atroz y despiadada de cinco personas?

 ¿Por qué hacerlo a plena luz del día, corriendo el riesgo de que alguien escuchara algo fuera de lo normal y lo denunciara a la policía?

¿Por qué nadie escuchó nada, si al menos se hicieron cinco disparos?

¿Por qué ejecutar a todos —independientemente de que conocieran o no la identidad y la actividad de Rubén y de Nadia—, sabiendo que matar a cinco personas en un departamento provocaría un escándalo mayúsculo, con atención y presión mediática y una movilización policiaca generalizada contra los responsables?

¿Por qué si iban por la colombiana, como ha trascendido, no esperaron a que estuviera sola y así evitar matar a todos los que la rodeaban?

¿Por qué la saña, violar a Mile Virginia, de manera que no quedara duda de que era una venganza por algo, dar el tiro de gracia a todos, incluida la trabajadora doméstica, dejando el sello del crimen organizado?

¿Por qué inicialmente la PGJDF aseguró que el Mustang era propiedad de la colombiana, que en ese auto huyeron los asesinos, abandonándolo después en Paseos de Taxqueña, para finalmente reconocer que no era el auto sospechoso? ¿Por qué a diez días del crimen múltiple no hay una investigación sólida y con resultados?

Y, por si algo le faltara al país, la fotografía le dio la vuelta al mundo: Fotógrafos internacionales, antes de jugarse la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Tigres de la UANL, desplegaron una manta que rezaba: “Basta de genocidio en México”.

“El crimen de Rubén Espinosa llena de terror a todo el gremio”, desplegó, de forma destacada, el diario El País, que lanzó un mensaje editorializado: “La violencia contra la prensa no tiene límite”.

Aquellos que señalan (sin pruebas) que a Rubén Espinosa no lo mataron por su actividad de periodista, ofenden al soslayar el punto central del multihomicidio: ataque o no a la libertad de prensa, debe aclararse a fondo y de manera convincente. Por eso el grito unánime aquí y en el mundo: ¡Ya basta de impunidad en México!

                TW: @_martinmoreno

                FB / Martin Moreno

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