“El gobierno que nos merecemos... ”
Palabras, nada menos, del mexicano, hoy por hoy, más alabado.
¿Qué significado, símbolos y esperanzas hay detrás de esa frase ya tan famosa como crítica de Alejandro González Iñárritu, escuchada prácticamente en todo el mundo, visto su creador por millones de pares de ojos y convertida, ahora, en grito de guerra y emblema de quienes aspiran a un México diferente al actual?
“Rezo para que podamos hallar y construir el gobierno que nos merecemos... ”, dijo González Iñárritu sabiendo, a la perfección, el efecto que causarían sus palabras. Palabras, nada menos, del mexicano, hoy por hoy, más alabado, reconocido y admirado no sólo por el mundo cinematográfico, sino por el orbe y sus dimensiones, y que en una sola frase encerró el drama que viven los mexicanos y lo que la gran mayoría piensa y siente sobre lo que ocurre en el país.
“El gobierno que nos merecemos...”, acuñó González Iñárritu.
El gobierno que nos merecemos, porque hoy no tenemos el gobierno que merecemos los mexicanos.
El gobierno que nos merecemos, libre de gobernantes enriquecidos, impunes bajo la sombra de la corrupción y el tráfico de influencias.
El gobierno que nos merecemos, que sirva a los intereses de las mayorías y no al grupo selecto de amigos o de empresarios beneficiados con el erario nacional.
El gobierno que nos merecemos, sin funcionarios con mansiones de oscura procedencia entre el tufo del tráfico de influencias y el beneficio personal.
El gobierno que nos merecemos, que utilice los programas sociales para intentar sacar verdaderamente a más de 50 millones de mexicanos de la pobreza, y no usarlos para la compra de votos y de elecciones.
El gobierno que nos merecemos, actuando con programas anticorrupción y de fiscalización no viciados de origen, con fiscales nombrados por órganos independientes (académicos, intelectuales, periodistas sin compromisos con el poder político), y no ungidos por el Presidente de la República en turno o partidos políticos que erigen, de manera cínica, a sus empleados como investigadores personales.
El gobierno que nos merecemos, que combata con nuevas y renovadas estrategias al crimen organizado y a su brazo más poderoso: el narcotráfico, con menos discursos y más efectividad, con menos saliva y mayor contundencia, con menos retórica y más conocimiento del problema.
El gobierno que nos merecemos, que no fracase —como hasta ahora— en la aplicación de una Reforma Educativa controlada en la praxis por gobernadores y líderes sindicales que la acomodan a sus intereses y conveniencias, operando al amparo de la industria de la reclamación y del chantaje.
El gobierno que nos merecemos, eliminando su complicidad político-financiera con líderes sindicales afines: petroleros, ferrocarrileros, universitarios, enriquecidos hasta el escándalo sirviendo a los poderosos en turno, sin importar nombres, colores o ideologías.
El gobierno que nos merecemos, sometedor y no sometido por los poderes fácticos, impulsor de la competencia sin privilegios para monopolios o duopolios que operan bajo el manto de la simulación o de una aparente competencia, bajo la cual siguen ganando más los mismos de siempre y perdiendo aún más los mismos de siempre.
El gobierno que nos merecemos, transparente, abierto al escrutinio y a la información pública, informando y rindiendo cuentas, y no entre la astracanada de un IFAI cada día menos útil y más oficialista, más inaccesible y menos democrático.
El gobierno que nos merecemos, incluyendo a sus orígenes: los partidos políticos, renovando sus cuadros y presentando candidatos honestos, frescos, atractivos y no a los mismos de siempre, actuando bajo las cláusulas no escritas en sus procesos de selección: el amiguismo, la complicidad, la transa, el compromiso personal por encima del compromiso con los ciudadanos.
El gobierno que nos merecemos, que privilegie a la cultura —el cine, la literatura, el arte—, por encima de aviones presidenciales nuevos y onerosos, entendiendo que el respeto internacional no se compra, se gana; comprendiendo que se admira más a México por haber obtenido dos premios Oscar de manera consecutiva —Cuarón y González Iñárritu—, que por la matanza de 43 estudiantes deAyotzinapa. Del Oscar del orgullo a la violencia de la vergüenza.
El gobierno que nos merecemos, que deje de satanizar a los movimientos sociales, sin cerrar los ojos ante asesinatos de líderes ciudadanos, y les dé un cauce democrático escuchando sus reclamos, apoyando sus demandas, solucionando sus conflictos. El gobierno que nos merecemos, con un presidente del cual nos sintamos orgullosos los mexicanos, que respetemos y aplaudamos; con un mandatario honesto, probo y demócrata.
El gobierno que nos merecemos... y al cual todavía estamos esperando.
Twitter: @_martinmoreno
