De cómo se jodió el PRD

Allí están peleándose hoy el tercer lugar en intención del voto con el PVEM.

Corriendo a sus figuras emblemáticas. Apropiándose del partido una camarilla para beneficio personal. Postulando a pillos. Sin autocrítica. Aliándose con el PRI. Cerrando los espacios a opositores internos. Erigiéndose no en un partido de izquierda, sino en un partido de absurdo. Apagando la fuerza opositora que algún día brilló. Por eso, y mucho más, el PRD está hundido.

Hoy, el entreguismo hacia el gobierno federal —en lo político y en lo burocrático en el DF— tiene al PRD en el nivel de aceptación más bajo de su historia. Cómo estará el desprestigio amarillo que anda peleando el tercer lugar (13%) en la intención del voto con el Partido Verde (11%), para las elecciones del 7 de junio, según Parametría. Hay empate técnico. ¡Qué tragedia para la izquierda mexicana!

Y como la pongan:

Jesús Ortega no es Cuauhtémoc Cárdenas.

Jesús Zambrano no es López Obrador.

Carlos Navarrete tampoco es Marcelo Ebrard (con todo y su caudal de errores).

Los Chuchos y Navarrete se han apropiado del PRD bajo las formas más mezquinas y antidemocráticas: hostigando a quienes les estorban. La suya no es una izquierda de corte socialdemócrata al estilo Lagos o Lula, sino una dictadura de izquierda semejante a la soviética de ayer y de hoy, a la manera de Putin: al enemigo, aniquilamiento.

Y que no salgan ahora con aquella tramposa frase de Navarrete cuando derrotó a Cárdenas rumbo a la presidencia del PRD: “Se acabaron los tiempos de los caudillos”. Ok. Sonaba bien. Pero, ¿qué quedó en lugar del caudillismo?

Se fueron los caudillos, pero llegó la transa política directa con el PRI. Ejemplo: la aprobación de la Reforma Fiscal.

Se fueron los caudillos, pero llegaron los cuchillos. Ejemplos: se degolló a los líderes históricos del PRD y excandidatos presidenciales, Cárdenas y López Obrador quienes, con todos sus excesos, daban votos, prendían la plaza y eran identificados y respetados por las bases. Hoy, ambos están fuera del partido.

Se fueron los caudillos, pero se quedaron los mezquinos: al que cuestione o critique dentro del partido se va a la calle. Si Marcelo protestó, sin diputación federal se quedó. Ayer aliado, hoy apestado.

Marcelo Ebrard es el candidato de izquierda a la presidencia que México necesita”, me dijo algún día, en su oficina del Senado, el todavía respetado Carlos Navarrete. ¿Qué pasó después?

Sencillo: Navarrete y sus compadres Los Chuchos prefirieron otro tipo de “izquierda” —la dócil con el PRI, la entregada con el gobierno federal, la arrodillada con el peñismo—, en lugar de mantener, aun con todas sus fallas, a una izquierda crítica, combativa y confiable. Esa ya se murió.

Navarrete, Ortega, Zambrano... y Groucho Marx: “Aquí están mis principios, pero si no les gustan, tengo otros”. Ni más ni menos.

Pobre PRD: tan cerca de Navarrete y tan lejos de Cuauhtémoc.

El PRD de Los Chuchos es el PRD de Abarca.

El PRD de Los Chuchos es el PRD de la traición: por supuesto que no se trata de encubrir a Ebrard si solapó, como jefe de Gobierno, pillerías en torno a la Línea 12 del Metro. No es por ahí. Pero apuñalarlo por la espalda para satisfacer intereses políticos ajenos a un proyecto de izquierda, traicionarlo y entregarlo al enemigo, eso es lo ruin. Lo cobarde.

El PRD de Los Chuchos es el PRD de la vergüenza. Del retroceso.

¿Que no? Allí están peleándose hoy el tercer lugar en intención del voto con el PVEM. Si eso no es vergonzante, dígame usted, lector, qué significa la palabra “vergüenza”.

Pobre PRD. Se lo acabaron a traiciones.

ARCHIVOS CONFIDENCIALES

INE. Más que preocupante, ya alarmante, la descomposición interna en el Instituto Nacional Electoral. Lo ocurrido el miércoles pasado no es menor: que seis de los 11 consejeros bloquearan la discusión de reglas para que los programas sociales no se utilicen con fines electorales y los gobiernos ejerzan los recursos públicos con imparcialidad, son señales inequívocas de que el interés de gobiernos y partidos está por encima del propio INE. Y esos consejeros electorales son los que calificarán las elecciones intermedias. ¿Cómo confiar así?

CTM. Hugo Díaz Covarrubias, líder del sindicato de trabajadores de Chrysler, ha tenido una idea de dictadura norcoreana: erigir en la planta baja de la CTM una... ¡estatua de Joaquín Gamboa Pascoe!, ese prócer y valeroso mexicano que tantos servicios le ha hecho a la patria. Tamaña zalamería es digna del junior —hijo de Hugo Díaz Velázquez, que por 20 años permaneció al frente del sindicato— y pretende develar la figura el 24 de febrero, día del 79 aniversario de la confederación. ¿Querrá Huguito ser el sucesor de Gamboa, de 92 años de edad? Seamos malpensados.

                                Twitter: @_martinmoreno

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