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Cuauhtémoc: 1987 y 2014

Le da una vuelta a las manecillas de la historia; sólo cambia el año.

Hace 27 años, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo cimbraron al PRI denunciando y exhibiendo su antidemocracia, su dependencia absoluta del presidencialismo —cordón umbilical que se mantiene hasta hoy— y su nula autocrítica, fueron injuriados, humillados y expulsados. Escupidos. La consecuencia: la fractura histórica del priismo y el nacimiento posterior del PRD.

Hoy, Cárdenas le da una vuelta a las manecillas de la historia, y de la misma manera en la que en 1987 retrató la profunda crisis que vivía el PRI al no responder ya a las necesidades ciudadanas, y cuya postura crítica lo obligó a abandonar al tricolor, hoy lo hace también con el PRD, la izquierda institucionalizada que se ha convertido más en una comparsa oficialista, que en un contrapeso efectivo al presidencialismo.

“El PRI ha entrado a una etapa de autoritarismo antidemocrático, de intolerancias y de retrocesos”, acusó Cárdenas en 1987.

“El PRD se encuentra en una grave situación de postración y agotamiento… está a punto de disolverse o quedar como una simple franquicia político-electoral”, acusa Cuauhtémoc en 2014.

La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa.

En aquel 1987 —con un PRI sin contrapesos en elecciones, gobernando todos los estados y bajo la hoy retornada presidencia imperial— se le respondió a Cárdenas, Muñoz Ledo y seguidores, con el discurso de la amenaza, de la soberbia:

“En el PRI no tendrán cabida ni la quinta columna ni los caballos de Troya. Los adversarios de dentro tienen las puertas abiertas para actuar donde más convenga a sus intereses”, advirtió el entonces presidente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, en clara alusión a Cárdenas y cabezas de la Corriente Democrática.

“El triunfo de las figuras preponderantes y de los liderazgos carismáticos, pasó… ahora es tiempo de los colectivos y del relevo generacional”, sentenció el presidente del PRD, Carlos Navarrete, bajo un discurso al estilo de De la Vega Domínguez: el tufo del “si no te gusta, vete”.

¿Cuál es la diferencia entre los discursos de Jorge de la Vega y de Carlos Navarrete, ante las críticas y planteamientos severos de Cuauhtémoc Cárdenas ayer al PRI, y hoy al PRD? Solamente una: el año en el que los pronunciaron. Y nada más.

En 1987, De la Vega Domínguez crucificó a Cuauhtémoc por señalar lo innegable: la antidemocracia del PRI.

En 2014, Navarrete inmola a Cárdenas por cuestionar lo evidente: la descomposición política y los excesos del PRD.

Vaya paradoja: hoy, Carlos Navarrete se ha convertido en una versión actualizada y patética de Jorge de la Vega Domínguez. Con otro partido, con otras palabras, pero bajo la misma línea: la ceguera política, la ausencia de autocrítica, la intolerancia.

Tras la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas al PRD, esa torpeza política de Los Chuchos: confundir ser una oposición funcional para beneficio del país, y no un aliado arrodillado a los designios del PRI y del presidencialismo, los llevó, inclusive, a la ofensa personal contra Cárdenas.

“Señalar que se va porque no puede operar como caudillo” fue la instrucción que se dio desde la dirigencia nacional perredista (Martha Anaya. Alhajero. Diario 24 Horas. 27/XI/2014).

Es decir: la fórmula para el “control de daños” al anunciar Cárdenas su renuncia al partido amarillo fue el descontón en lugar del argumento. La diatriba en vez del debate. La ofensa por encima de la autocrítica.

La soberbia —y el miedo que se huele— de Los ChuchosNavarrete, Ortega, Zambrano y compañía— como recurso del método ante la salida de Cuauhtémoc. Cuando hay miedo, se cae en situaciones desesperadas. Cuando no hay argumentos de peso, se jala del gatillo.

1987: la respuesta antidemocrática e intolerante del PRI contra Cárdenas.

2014: la respuesta antidemocrática e intolerante del PRD contra Cárdenas.

No hay mayores diferencias.

En eso se ha convertido el PRD: en un PRI pintado de amarillo. Y nada más.

Hace bien Cuauhtémoc Cárdenas en renunciar al PRD. Cárdenas tiene ya un lugar en la historia como uno de los líderes opositores más importantes en México; como el candidato al que le robaron la Presidencia en 1988 para entronizar a Salinas de Gortari, y como el estadista que evitó una masacre ciudadana cuando se negó a tomar Palacio Nacional por el fraude electoral, cuando así se lo gritaban cientos de miles reunidos en el Zócalo y sus alrededores.

Hace bien Cuauhtémoc.

Sencillamente, no puede estar en el mismo PRD que postuló a José Luis Abarca como alcalde de Iguala.

No puede estar en el mismo PRD que ha mutado en aliado vergonzante y dócil del gobierno, olvidando su esencia opositora y crítica.

No. Cárdenas se devaluaba dentro de este PRD.

Hizo bien.

                Twitter: @_martinmoreno

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