En las últimas semanas los ciudadanos hemos observado el “movimiento de fichas” que se ha gestado desde los diversos partidos políticos con miras a las elecciones intermedias del 6 de junio del año próximo, las cuales han sido calificadas como “las más importantes de la historia del país”, debido al número de posiciones que estarán en juego: 17 gubernaturas, 500 diputaciones federales, mil 88 diputados locales y más de 680 presidencias municipales.
En épocas de incertidumbre y cuando el ruido excesivo que hay en la sociedad se impone frente a una realidad de violencia, escasez y falta de oportunidades sociales, conviene detenerse a reflexionar sobre los mecanismos necesarios para enfrentar los retos a futuro, por encima de los partidos que, como ya se vio en las últimas sesiones del Congreso, se han preocupado más por sobrevivir y mantener sus prerrogativas frente a una sociedad cada vez más agraviada.
No se trata en los tiempos actuales de comportarse con un “cálculo electorero” para ver cómo salvan sus “parcelas de poder político y económico”, sino de tener una verdadera visión de Estado que les obligue a mirar a toda la sociedad, con sus heridas, pero también con toda su fortaleza ciudadana.
De lo que se trata hoy es de entender las causas de lo que le ocurrió al país, asumir responsabilidades y construir soluciones. ¿Sería mucho pedir?
MICHOACÁN: LA “GUERRA SUCIA”…
La contienda interna de Morena en esa entidad comienza a tensarse peligrosamente; desde hace meses se ha desplegado una campaña sistemática contra el senador Raúl Morón, que más que oposición externa parece “fuego amigo” en medio del evidente posicionamiento de Grecia Quiroz y de movimientos que, según voces al interior, no estarían ajenos a la esfera del propio gobierno estatal. El contraste es claro: Morón es identificado como el perfil más cercano a la presidenta Claudia Sheinbaum en el estado y fue “operador clave” en tiempos de “corcholatas”, además de mantener altos niveles de conocimiento y respaldo ciudadano, lo que hace aún más delicado el intento por desplazarlo de la contienda.
En privado, liderazgos de Morena advierten que una estrategia basada en el “golpeteo interno” podría fragmentar al movimiento y abrir la puerta a una derrota evitable en la entidad michoacana.
COMPARSAS DEL OFICIALISMO…
Al igual que los líderes de Movimiento Ciudadano (MC), la actual dirigencia del Partido Acción Nacional (PAN) no puede ocultar su abyección frente al poder que hoy controla la vida pública del país. Baste un ejemplo para entender la forma en que la cúpula del otrora partido opositor ha claudicado en los últimos años frente a los amagues del gobierno en los casos de corrupción en los que están involucrados los miembros de la cúpula blanquiazul, cuyos expedientes son utilizados para amenazarlos. El crecimiento político que ha alcanzado la alcaldesa en Cuauhtémoc, en la CDMX, Alessandra Rojo de la Vega, la posiciona entre las aspirantes opositoras con mayor fuerza para la Jefatura de Gobierno de la capital.
Sin embargo, los dirigentes del PAN no están nada contentos; quieren “neutralizarla” para evitar que pueda perfilarse como candidata, primero a la reelección como alcaldesa en 2027 y, dados sus resultados positivos en esa demarcación, a la Jefatura de Gobierno para el 2030. Para ello, tratan de “embarcarla” en pleitos contra el oficialismo y así “dejarles el terreno libre” para que el blanquiazul pueda presentar un candidato propio. Para nadie es un secreto que, hoy por hoy, Alessandra lidera la candidatura natural de la oposición y ello incomoda a los panistas.
No hay que perder de vista que la alcaldesa de Cuauhtémoc fue postulada por el PRI en la alianza opositora de 2024 junto al PAN, a cambio de que el blanquiazul postulara al ineficiente Santiago Taboada, hoy cuestionado representante “suplente” de su partido ante el Consejo General del INE.
