La implosión del sistema

Los movimientos sin una ideología definida terminan siendo refugio de “políticos en desgracia”.

Ha llegado el momento de abordar lo que para muchos era inevitable: el colapso hacia adentro de nuestro sistema político debido, principalmente, a presiones externas, las cuales han sido en los últimos tiempos de mayor intensidad que las coyunturas que se registran al interior de la sociedad mexicana que, más bien, ha “normalizado” las crisis recurrentes en las que hemos transcurrido las últimas décadas.

Desde el asesinato de un candidato a la Presidencia de la República (Luis Donaldo Colosio, 1994), el que seguramente hubiera ganado las elecciones de aquel año para continuar con el llamado “partido de Estado”, hasta la llamada “alternancia política” (Vicente Fox, 2000) que le permitió al país tener, por primera vez en más de 70 años, un mandatario surgido de otro partido político (PAN), habíamos transitado —mal que bien— dentro de la llamada “normalidad democrática”, la cual se “rompió” cuando llegó al poder el movimiento que hoy gobierna.

Constituido por una amalgama de tránsfugas de otras fuerzas políticas, el movimiento actual prepara ya una reforma que pretende cambiar la manera en que las cúpulas políticas se organizaban hasta hace unos años para obtener el poder y ejercerlo de manera unilateral. Hoy, las presiones externas debido a los cambios que experimenta el mundo en todos los órdenes de la vida pública, han hecho que dicho sistema implosione y se vislumbre una nueva reforma político-electoral, para la cual ha sido lanzada ya la orden de implementarla desde Palacio Nacional.

Nuevamente se observan nubarrones que auguran la conformación de otro partido de Estado que no permita la competencia política, más que aquella que conviene a sus intereses —tanto para simular que hay democracia como para incorporar a aquellos partidos que le son útiles para sumar votos en el Congreso— lo que ya comienza a preocupar a quienes desde la oposición han llamado a debatir el nuevo modelo que se pretende imponer. Y es que para hacer un diagnóstico profundo del sistema electoral mexicano y proponer iniciativas que le den prioridad a la democracia será necesaria la participación de todos los sectores del país, incluida la oposición a la cual la “narrativa oficial” no ha tomado en cuenta desde hace ya varios años.

Ya se ha visto, por la experiencia del pasado, que los movimientos sin una ideología definida y sin identidad, terminan siendo refugio de “políticos en desgracia” y caudillos cuyo único interés es preservar de manera indefinida el ejercicio del poder al costo de lo que sea y sin mayores beneficios para la sociedad. La constante de los últimos tiempos, tanto adentro como afuera, ha sido la incertidumbre de los cambios. Lo único cierto es que terminan autodestruyéndose.

INVESTIGACIÓN EN ADUANAS

Nos informan que en la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) opera, sin contrapesos visibles, un funcionario que debería estar investigando el contrabando y el llamado “huachicol fiscal”, pero que en cambio se encuentra en el centro de un escándalo por corrupción y ostentación de riqueza presuntamente obtenida de manera ilícita. Se trata de Alex Tonatiuh Márquez Hernández, actual administrador central de Investigación Aduanera, quien presume en su declaración patrimonial una colección de relojes, la cual está valuada en 7.7 millones de pesos. Se señala que, aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ya informó que el caso está en manos de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, que encabeza Raquel Buenrostro, Márquez Hernández no ha sido removido del cargo. De acuerdo con fuentes internas en Aduanas, ello se debe a que el todavía funcionario cuenta con el respaldo del titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) del gobierno federal, Pepe Merino, quien ha sido su principal “sostén político” dentro de la administración pública.

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