Alianzas impresentables

No es posible pensar en una “alianza” entre quienes, por principio, apoyan el aborto y quienes lo fustigan. Pero aquí, hasta eso ocurre por un desesperado intento de sobrevivencia política. Y eso daña la democracia de los pueblos.

Tras los comicios del pasado 5 de junio, en los que según las últimas cifras electorales los únicos partidos que “crecieron” su votación fueron el PAN y Morena, el mapa político electoral del país revela que, hoy por hoy, ningún partido por sí mismo puede gobernar solo. Para pesar de los políticos y sus partidos, hoy en día se requiere de “alianzas” que les permitan conseguir la mayoría para hacerse de los principales cargos de elección, incluyendo el que se elegirá dentro de dos años: la Presidencia de la República.

Pero es que hay de alianzas a alianzas. Unas, que los analistas llaman “naturales”, entre partidos afines en su ideología y que comparten los mismos principios, y otras que llaman “antinatura” y que son como “mezclar” el agua con el aceite y que han demostrado ser desastrosas para la vida de una sociedad. Ahí tenemos a Oaxaca, por poner un ejemplo.

Lo cierto es que la gran decepción social que se percibe dentro del régimen de partidos en México es que, precisamente, los principales que hay no han sabido responder a las necesidades y expectativas de los ciudadanos, cansados de “más de lo mismo” y que en la actualidad poco o nada perciben de beneficios en su vida cotidiana tras los procesos electorales más recientes.

La sola posibilidad de que en las presidenciales haya “acercamientos” entre la izquierda pragmática aglutinada en el PRD y la derecha por antonomasia que encabeza Acción Nacional causa escozor entre los ciudadanos por representar precisamente lo que a nivel local no ha funcionado en las entidades donde ambas fuerzas, “el agua y el aceite”, han ido de la mano.

Y no porque las alianzas no sean buenas. Ocurren en los países más desarrollados del mundo, pero siempre cuidando su ideología y sus causas comunes. No es posible pensar en una “alianza” entre quienes, por principio, apoyan el aborto y quienes lo fustigan. Pero aquí, hasta eso ocurre por un desesperado intento de sobrevivencia política. Y eso daña la democracia de los pueblos. Deteriora las instituciones políticas y aleja a los ciudadanos de las urnas, como ya se vio en varios estados. Es el pragmatismo llevado a su máxima expresión.

En el otro extremo, tenemos la división entre las mismas ideologías que, por cuestiones de falta de generosidad política, rechazan formar un solo frente de izquierda para fortalecer su “fuerza electoral”, pero que por cuestiones de “caudillismo” se ve imposible que lo logren. En estos casos también pierde la democracia y pierde una sociedad que requiere de pluralidad para lograr un equilibrio en las decisiones que toman los gobernantes. Y ahí están a la vista sus consecuencias.

Lo cierto es que el panorama para el 2018 se observa complicado por lo mismo. No hay una definición ideológica y de principios que garantice opciones electorales exitosas frente al desencanto ciudadano. Y mucho menos la posibilidad de una alianza electoral que surja fuerte y robusta frente a la mala actuación de los partidos en el pasado reciente.

Tampoco se ven liderazgos “independientes” que logren “aglutinar” las expectativas de los ciudadanos.

Ante tal panorama, los partidos “trabajan” ya su acercamiento unos con otros para tratar de formar alianzas que los lleven a obtener el poder, aunque sus ideologías estén tan distanciadas como para convencer a los votantes de que son la mejor opción. En lo local, ya quedó demostrada su ineficacia.

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