Prometer no empobrece
En los próximos seis días, los analistas estarán realizando balances en las diversas áreas de la administración pública del país con motivo del primer año de gobierno de encabeza Enrique Peña Nieto. Y dos son las grandes preocupaciones de los mexicanos, que saltan ...
En los próximos seis días, los analistas estarán realizando balances en las diversas áreas de la administración pública del país con motivo del primer año de gobierno de encabeza Enrique Peña Nieto. Y dos son las grandes preocupaciones de los mexicanos, que saltan a la vista en virtud de los pocos avances logrados: una es la seguridad, tema en el que aún hay muchos pendientes, principalmente en aquellas zonas en donde la violencia prevalece y parece no tener una solución institucional como el caso de Michoacán. La segunda: la situación económica de muchos mexicanos que continúan experimentando carencias y rezagos que, cierto es, no se resolverán de la noche a la mañana, pero que no han mostrado señales de mejoría tanto por el entorno internacional de la economía como por la debilidad en que se encuentra el mercado interno.
En el ocaso del sexenio pasado, cuando la reforma laboral que envió el entonces presidente Felipe Calderón como iniciativa preferente fue aprobada por las dos cámaras del Congreso, se “prometió” proporcionar incentivos a la creación de empleo formal. Pues bien, la reforma no ha cumplido —hasta el momento— con aquella cualidad que se le atribuyeron sus apologistas de “detonar” la creación de las fuentes de empleo que necesita el país. No se logró un crecimiento sostenido del empleo, pues en los primeros meses de este año, según cifras del Seguro Social, apenas se crearon 446 mil empleos formales lo que en una proyección anual pronostica 596 mil fuentes de trabajo al término de 2013, apenas por debajo de la mitad que requieren los jóvenes que se incorporan al mercado laboral, sin contar con los rezagos acumulados.
En un documento emitido a fines del año pasado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) denominado Getting It Right. Una agenda estratégica para las reformas en México, se destaca que nuestro país “requiere de cambios profundos en el mercado laboral. Un paso importante en este sentido es la reforma laboral recientemente aprobada por el Congreso. Esta se propone mejorar el funcionamiento del mercado laboral y, en particular, la situación de empleo de las mujeres, los jóvenes y los grupos vulnerables como los trabajadores a discapacitados o no calificados. La reforma promueve el empleo formal a través de cambios en las disposiciones contractuales, de la prórroga de los periodos de prueba y la facilitación de la contratación para empleos temporales o de tiempo parcial. Más aún, reducirá los costos y la incertidumbre relacionados con los despidos, al poner topes a las indemnizaciones por despido”. Pues bien, muy pocos resultados ha experimentado el ámbito laboral del país a un año de que entró en vigor la reforma aprobada por los legisladores y promulgada por el Ejecutivo federal. Ha señalado la autoridad que gran parte de la contracción económica de los últimos meses se debe a la desaceleración de la economía mundial. Hace unos días, el propio secretario del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida, reconoció el bajo número de nuevos empleos en este agonizante 2013 y “prometió” que con las reformas estructurales de próxima aprobación (aseguró), podrá mejorarse la creación de nuevas plazas laborales.
En sus recomendaciones a nuestro país, la OCDE propone introducir un sistema de seguro de desempleo, como se acordó en el Pacto por México. “Esto podría asumir la forma de un sistema de cuentas individuales de ahorro que los trabajadores pudieran usar en caso de quedarse sin empleo, con un comprobante de seguro público para los desocupados que tengan ahorros insuficientes, como en el caso de Chile”. Pero también es necesaria una mejor capacidad para asegurar el cumplimiento de la ley, especialmente los recursos dedicados a la inspección laboral, de manera que las leyes laborales puedan operar de manera eficaz.Hay mucho trecho que recorrer, sobre todo si la economía mundial, particularmente la de Estados Unidos, no se recupera al ritmo deseado y si las llamadas reformas estructurales se “topan”, como pudiera ocurrir, con los “intereses” de los partidos políticos que en el caso del PAN y el PRD van a renovar en breve sus diligencias.
Pero también destaca la mala calidad de los empleos creados en el pasado reciente. Remuneraciones “raquíticas” en cuestión salarial, nulas prestaciones sociales y, sobre todo, violación a los derechos de antigüedad y pensión al final de la vida productiva de cada trabajador. De no atenderse estas “distorsiones” del mercado, la “bomba de tiempo” que constituye el problema actual no será desactivada y las presiones sociales para nuestra frágil democracia serán más intensas en la próxima década.
