Idea Vilariño, la sospecha de un ángel devorante

Perteneciente a la clase intelectual del Uruguay, a Idea poco le importaba lo que pasaba en el mundo abisal. Acaso le preocupaba la artillería nazi y la posibilidad de ver a su país controvertido en una extensión gringa, como lo pergeñaba Enrique Rodó, un contemporáneo de sus padres

Tuve noticia de Idea Vilariño (Montevideo, 1920-2009) gracias a una amiga cuya nacionalidad se divide entre México y el Uruguay. Recién iniciaba un diplomado en Sogem, recién comenzaba una revoltura de lecturas, de incipientes textos mal ordenados, recién se fraguaba una amistad con un grupo de lectores inquietos, contestatarios. Entonces, en ese intrincado riel de ideas y libros, conocí a Idea Vilariño.

Nombre eufónico, sugerente, el suyo, nombre que trae consigo, muy en el fondo metida, la poesía. Poemas de amor (1957) —de desamor, desahuciados— fue mi primer enfrentamiento con Idea, estos poemas que son una forma de la negación, esa forma de resistencia, esa forma de decir No (monosílabo que se sucede, que se crea y se desdobla a manera de presencia ubicua): No te amaba/no te amo/bien sé que no/que no/que es la luz/es la hora/la tarde de verano…

Viene muy bien el ejemplo para concatenar con otra de las características en la poesía de Vilariño: la anáfora. A través de esta figura retórica, la poeta otorga a su poesía enorme sonoridad y ritmo. La repetición, constante y con mucho sentido musical, reafirma, incluso la negación, el discurso mismo del poema, es un universo de palabras y de sonoridad. La profusión de la anáfora se nutre por la ausencia de metáforas, o mejor dicho, por la transparencia de sus versos.

Poesía oral casi conversacional, en apariencia de sencillez lingüística, la obra de Idea Vilariño es el resultado de una poeta estudiosa de las formas, autora de una música concreta, conocedora de estética y formas del poema. Sin duda, la brevedad —no abandono el tema, como tampoco lo hizo la autora a lo largo de su obra— es una declaración de principios estilísticos. Ya sea en La suplicante (1945), Cielo cielo (1947), Nocturnos (1955), Pobre mundo (1966) o Poesía (1970) ,Idea Vilariño mantuvo el tesón de la concisión.

Me atrevo a decir que con el paso de los años la poesía de Vilariño sumó elementos de orden político y social, sin abandonar nunca la filigrana sentimental, además de la desesperanza. La ideología permeó en sus poemas, lo que no restó eficacia literaria, por supuesto. Por otra parte, la avanzada feminista correspondía a una mujer de la clase media intelectual del Uruguay. El desagrado, el tedio, la insatisfacción comenzaron a habitar estos poemas de una atmósfera densa. En su poema Ya no demuestra esta resistencia: Ya no será/ya no/no viviremos juntos/no criaré a tu hijo/no coseré tu ropa/no te tendré de noche/no te besaré al irme./Nunca sabrás quién fui/por qué me amaron otros…/Ya no soy más que yo/para siempre y tú ya/no serás para mí/más que tú.

En su libro de viajes, así quiero llamarlo, que no es otro que su Diario de juventud, se halla la adolescente, no sin lugares comunes, pero es el punto de partida de lo que posteriormente sería la poesía de Idea. Perteneciente a la clase intelectual del Uruguay, a Idea poco le importaba lo que pasaba en el mundo abisal. Acaso le preocupaba la artillería nazi y la posibilidad de ver a su país controvertido en una extensión gringa, como lo pergeñaba Enrique Rodó, un contemporáneo de sus padres.

Quiero sumar a este texto la voz de Susana Crelis Secco, quien hizo para Material de lectura una excelente nota introductora sobre la poesía de Idea Vilariño: “Pero surge la pregunta: ¿cuál sería la especificidad de esta poeta que la vuelve necesaria y permanente? Si bien sus obsesiones fundamentales son constantes en el individuo de todos los tiempos; si bien sus preocupaciones sociales o políticas son cotidianas en América Latina; si bien su desesperanza es un corolario razonable, su poesía vale por la particular manera en que se unen mensaje y forma de expresión. Destacan el privilegio verbal, la pureza de imágenes, la perfección rítmica, las recurridas figuras retóricas en ella renovadas”.

De a poco, no sin perder a sus fieles lectores, la poesía de Idea Vilariño ha expandido su eco por América Latina. Poesía para leerse en voz alta, poesía para leerse en una soledad que duele, poesía para leer otras poesías, la de Idea Vilariño es un ir siempre hacia el fondo, hacia adentro, una espiral que baja diametralmente expandida.

“Se cae de los árboles/se cae el otoño/la lenta primavera que sube por septiembre/y se mira los dedos/las rosadas señales/el viejo simulacro de fuegos y paredes./Se cae el otoño/le cae un encendido/ el aire amargo /el aire amargo/ la sospecha de un ángel devorante/ una fruta de horror/un signo ardiente…”.

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