Gregor von Rezzori, a veces tan solo
Si hay un elemento que puede definir la vida de Gregor von Rezzori (1914-1998) ése es el nomadismo. Y acaso lo sea de todo aquél nacido bajo el cobijo del Imperio austrohúngaro. Esta condición de trasatlántico en Von Rezzori le permitió conocer a detalle las diversas estructuras sociales y políticas de Europa. Vivió en Bucarest, Alemania, París, Viena y, finalmente, en Italia, donde escribió gran parte de su obra literaria, en su lengua materna, el alemán.
Esta extranjería, a veces impuesta, a veces obligada, propicia un valor agregado a cualquier obra: mirar con distancia y sin ningún peligro los raseros de una comunidad europea recién parida de la guerra. Con la picaresca cercana a la de Günter Grass y el existencialismo, menos sofocante, de Franz Kafka, Von Rezzori asume riesgos propios del apátrida.
Estupendo creador de personajes ensimismados, Von Rezzori refleja a través de ellos su propio carácter de hombre frívolo, ante la solemnidad histórica de quienes hacían la obra de la posguerra en esos tiempos, como son tres premios Nobel, como Heinrich Böll, con El tren llegó puntual y Opiniones de un payaso, el mismo Grass, con El tambor de hojalata, o los estudios de Elias Canetti, sobre todo Fiesta bajo las bombas, por mencionar algunos ejemplos.
Este rasgo de frivolidad emerge como una punta de lanza para dar en el blanco de la crítica. Gregor von Rezzori no intenta formular una guía de entendimiento social ni un estudio crítico, sino una disección del nazismo, sobre todo en Edipo en Stalingrado y en La muerte de mi hermano Abel, así como una mordaz declaración de principios.
Autor enterrado y poco leído en Europa, Von Rezzori entra a México a través de la novela Memorias de un antisemita, traducida por Juan Villoro, en Anagrama y, posteriormente, por los títulos que la editorial Sexto Piso ha buscado posicionar en el mercado nacional. El traductor de las novelas de Sexto Piso, Aníbal Campos, marca una ruta de lectura: Sobre el acantilado y otros relatos, Edipo en Stalingrado, Memorias de un antisemita, Un armiño en Chernopol y, por último, el que Campos considera como un solo ciclo, Caín y La muerte de mi hermano Abel.
Aunque fue hace más de cinco años que tuve noticia de la existencia de Von Rezzori, ya que leí Memorias…, en este momento redescubro a un autor a veces cínico, otras mendaz a conveniencia, aristócrata, y ante todo, un honesto ante la propia palabra. Escribir puede ser un acto brutal, sobre todo después de un proceso de armas, pero en Von Rezzori pareciera que no todo es fatalidad, sino que la sevicia y la intolerancia pueden ser caldo de cultivo para crear una literatura honesta y furibunda en sus alcances.
Casi al final de su vida, retratados en Murmuraciones de un viejo, cuyos fragmentos pude leer en Letras Libres, Von Rezzori se asume como un hombre parado sobre un punto sin retorno: la vejez, pero lo hace con el mismo tesón e ironía que en sus anteriores novelas. “Tal vez, el egocentrismo sea un fenómeno de la vejez. Tal vez, el mirarse el ombligo sea algo esencial en la vida de un escritor. (El yo como punto focal de toda visión próxima o lejana.) Sea como fuere, lo cierto es que en estos días de primavera se erige sobre mi existencia un símbolo inequívoco de la ancianidad, emblema de la decrepitud y de su derecho a ser tratada con indulgencia: el orinal” (https://www.letraslibres.com/mexico-espana/murmuraciones-un-viejo-fragme...).
A partir de esta entrega, emprenderé la travesía propuesta por Aníbal Campos por la obra de un autor que buscó la ruptura de la novela como se venía haciendo a mediados del siglo pasado y un creador de formas y experimentación en cuanto al estilo.
HASHTAG. A quién quiere engañar Vicente Fox. En el programa de radio conducido por Gabriela Warkentin, el expresidente asegura que en su sexenio no existía el fenómeno del robo de ductos. “Vete tú a saber”, le dijo el guanajuatense a la conductora que le preguntó si no había alguna señal de que se robara gasolina, y remató diciendo, con su estilo de siempre, el de la contradicción, “Vete tú a saber, pero no era este fenómeno“ (en referencia a los actuales problemas en el tema). Es decir, sí había, pero no como ahora, o sí había, no le hicimos caso, no generamos acciones para combatirlo, pero nadie se enteró, y como nadie se enteró, entonces no existe. Ahora es muy entendible la estrategia política del primer gobierno panista: ojos que no ven…
