Cabeza de hidra

A finales de agosto realicé una encuesta entre escritores, periodistas y académicos acerca de los cinco libros que definen a México, mejor dicho, los títulos que ayudan a comprender a nuestro país. Sin duda, no es una pregunta sencilla, por lo que las respuestas abren espacio para la reflexión y el análisis. Entre las obras que más fueron citadas están Pedro Páramo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, El laberinto de la soledad, La sombra del caudillo y Los relámpagos de agosto. Más allá de nombres y títulos, entre los entrevistados surgió la inquietud de constreñir a nuestra nación en un determinado número de páginas. Y nada más seguro que la duda, al menos en esta situación

Un argumento esgrimido por algunos que no quisieron responder, y de otros que aunque sí lanzaron una lista, pero a tientas, tratando de ser muy selectivos y cuidadosos, fue que no hay un solo México. Suscribo lo dicho. El sismo del jueves 7 es una clara muestra: entre el sur y el centro, ya no digamos el norte, hay dos o tres países de diferencia. Aunado a los 8.2 grados en la escala de Richter, la inopia de esas comunidades es evidente y ahí están los estragos. La pobreza ya estaba ahí cuando llegó el movimiento telúrico, parafraseando el lugar común. Ahora todo vuelve a su polvo original. Infructuoso es el debate si el temblor del 85 fue más grave que éste, si más devastador, si más… en los desastres naturales nada vale ese cabreo de quién la tiene más grande. Una o cien, la muerte es irreparable.

Tanto en el centro como en el norte como en el este y el occidente son otros los temores y felicidades. La gente de cualquiera de estos puntos cardinales vive en alerta, en constante alarma. Si no es un sismo, es un huracán, ahí está Katia, en la zona de Veracruz, o Max, que al momento de escribir este artículo está entrando en las costas de Guerrero y Oaxaca, otra vez Oaxaca, con elevada intensidad; si no un huracán, son las lluvias que desbordan cauces, que anegan casas, que estropean la infraestructura y ablandan el suelo provocando oquedades. Además, lo de siempre: violencia, pobreza, inseguridad, corrupción, injusticia, violaciones y un etcétera fastidioso.

Cada enfrentamiento es distinto, uno a uno los complejos y convicciones son distantes, los dos o tres o diez o 32 Méxicos que habitamos en este mismo territorio nos despertamos de otra manera, vemos el día con otros ojos, siempre nuevos valdría decirlo, la noche, esa humedad que nos lanza a un hundimiento inasible, no en todos lados pinta un negro completo. Hoy llegamos a 207 años de independencia y casi siempre nos hallamos en el mas si osare un extraño enemigo, en las voces de ¡unión! ¡libertad!, en el país donde los templos, palacios y torres se derrumban con hórrido estruendo, en las campiñas regadas de sangre, en el pétreo grito de guerra. Nuestra diversidad es similar a la cabeza de la hidra.

HASHTAG. El miércoles, al filo de la medianoche, en Washington los representantes demócratas llegaron a un posible pacto con Donald Trump para dar protección a los cerca de 800 mil jóvenes dreamers. Dice el mandatario republicano que un restablecimiento del DACA está próximo, pero fiel a su estilo, no aseguró nada y también pidió algo a cambio. Trump negoció con los demócratas mayor apoyo de parte de éstos últimos para endurecer la seguridad en la frontera con nuestro país. Lo de Trump no debería sorprender. Él es ante todo un empresario que no cede, y si lo hace es porque a cambio sabe pedir.

A pesar de que el líder de los estadunidenses utiliza como moneda de cambio a los soñadores, esto puede ser una buena noticia para ambos lados del río Bravo. Estos adolescentes, en su mayoría, son el otro cariz de México, ése que mira desde afuera, con mejores ojos y desde una gayola que es ser (casi) extranjeros, pero con herencia y raíz mexicana. Ellos que tanto temor les da regresar a un país que no sienten suyo, del cual sólo conocen desde su plataforma la violencia y el maltrato, una nación lacerada y carente de oportunidades.

Algo nos debería decir a todos el temor de estos muchachos de regresar a México. No sólo a las autoridades, sino también a la ciudadanía. Mirémonos en el espejo, aunque esté enterrado y roto, a ver cuál de las muchas facetas que veamos en él nos revela algo.

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