El país más libre del mundo

En el país más libre del mundo, hay medios de comunicación vetados de la Casa Blanca por el propio presidente. El viernes pasado, el presidente Donald Trump informó que CNN, Político y MS Now tenían prohibido el acceso a su sala de prensa, esto por considerar que lo que estos medios publican se trata de “noticias falsas”, y, como de costumbre, señaló esto una amenaza a la seguridad nacional. Cabe mencionar que lo que probablemente hizo enojar al mandatario fue la cobertura que las televisoras han venido haciendo sobre el bloqueo a buques estadunidenses que mantiene Irán en el estrecho de Ormuz.  

Así, a partir de este lunes, las acreditaciones de acceso de las y los trabajadores de estas emisoras quedaron canceladas, por lo que estas optaron por transmitir desde las calles aledañas a la Casa Blanca. 

En respuesta, las cadenas ABC, CBS, FOX y NBC informaron que tampoco cubrirían las actividades del mandatario. Tengamos presente que todos estos medios conformaban el pool de prensa que hasta hace unas horas cubría la agenda presidencial y se compartían entre ellos los materiales audiovisuales, es decir, la Casa Blanca se vio afectada por su propia decisión. 

Parte fundamental del día a día de los medios que tienen base en Washington, es precisamente la cobertura de la Casa Blanca y los eventos presidenciales. En este sentido, los medios afectados informaron que llevarían su caso a tribunales, toda vez que la medida representa una violación a los derechos consagrados por la Primera Enmienda.

En medio de las hostilidades con la prensa, Trump se lanzó contra la reportera de CNN que cubrió ayer la asamblea de Naciones Unidas. Le dijo que “no debería estar cubriéndolo” al llegar a la sede de la ONU en Nueva York.

Resulta paradójico que, en el supuesto país de las libertades, desde lo más alto del poder se decida qué medios de comunicación tienen acceso a los eventos oficiales y cuáles no. ¿Se imaginan el escándalo que sería si en México ocurriera algo así? 

En nuestro país, donde no faltan quienes sostienen que no hay libertad de prensa, todos los medios, sin excepción y sin importar su línea editorial, tienen acceso al diálogo circular que ofrece la Presidenta de México todas las mañanas. 

Mientras que aquí se incentiva el debate, el disenso y el cuestionamiento activo de los medios hacia el gobierno, en Estados Unidos el vicepresidente, JD Vance, dijo que el acceso a la Casa Blanca es un privilegio, no un derecho.

Es ineludible el debate que la decisión de Trump provoca sobre los alcances del poder presidencial frente a la libertad, no sólo de la prensa, sino de las y los ciudadanos de participar en la conversación pública, y esto pasa necesariamente por su derecho a recibir información oportuna a través de los medios de comunicación.

Este episodio no es sólo un berrinche institucional desde el Ala Oeste, sino una muestra de cómo el gobierno estadunidense intenta controlar la narrativa pública. Pretender reducir la labor periodística a un “privilegio” gubernamental —y criminalizar el disenso bajo el eufemismo de seguridad nacional— vulnera el corazón mismo de la conversación pública y, de paso, de su democracia. Sin embargo, la historia y las calles ya lo han demostrado: cuando los poderosos intentan blindarse cerrando puertas, el periodismo simplemente se muda a la banqueta para recordarle que la verdad no necesita acreditación oficial.